Aperitivo: Fíjense ustedes, amigos quijoteriadictos fijados, que hay estrategias de comunicación que me siguen pareciendo sumamente cuestionables y debatibles, porque su punto de partida para el diseño de las campañas no tiene nada que ver con los ciudadanos ni con la democracia. De botana: Los que venden candidatos (y cobran un buen billete) están suponiendo que los electores son consumidores, que compran en lugar de elegir, que no tienen memoria histórica, que no viven en México, que tienen poca inteligencia y que actúan más en función de sus emociones que de sus intereses y valores. Entremés: No hay democracia, hay mercado electoral. No hay ciudadanos, hay consumidores de candidatos-postal y cuando se parte de esta perspectiva, tenemos campañas electorales como las que estamos presenciando. Entre semana: De acuerdo con estos postulados, el ciudadano al depositar su voto no es una persona que elige a su representante pensado que puede ser quien dé viabilidad a los proyectos que el elector cree que son los que necesita su comunidad para mejorar o para salir de los problemas. Desempance: Más bien es un cliente, que frente a la vitrina del "mercado electoral" compra el que más le gusta. El gusto se asocia a las emociones, a lo que agrada, que muchas veces no es lo que conviene (experiencias que sin duda todas y todos conocemos). Un vejigazo: Las campañas electorales están diseñadas para comprar candidatos, no para elegir representantes. Cuando los ciudadanos eligen a la persona sobre la que depositan la soberanía, se impone un proceso de seguimiento para ver que efectivamente el elegido cumpla con el encargo; si sólo se compran candidatos, el trato termina cuando la persona sale de su casilla. Una campechana: Ahora bien, cuando el acto de votar es una acción de compra-venta, los mercadólogos políticos necesitan confeccionar candidatos-mercancías "vendibles", al gusto de los consumidores, y para hacen sonreír al gruñón, rejuvenecen al viejo, enflacan al gordo, blanquean al moreno, estiran al arrugado (sin albur); es decir, santifican al demonio, aunque el disfraz resulte poco creíble. Un hidalgo: Cuando se parte de la idea de que la ciudadanía tiene una poca inteligencia, no se le concede la posibilidad de conocer diagnósticos y debatir propuestas, de discutir planteamientos y proponer alternativas; y entonces, frente a su poca capacidad intelectual, se le satura con spots publicitarios que plantean ideas vagas y difusas llenas de sensacionalismo barato. La del estribo: Visto así, el mensaje no está en el planteamiento innovador o el cuestionamiento de una política pública, sino en la "buena imagen" del candidato. No se invierte en asesoría para conformar propuestas serias y viables, sino en el diseño de una buena estampa (aunque algunos casos hace falta un milagro) Cuando a los electores se les considera retrasados mentales, se hace este tipo de campañas espotizadas. La caminera: Además de poca inteligencia, creen que el electorado tiene pocos conocimientos, y entonces algunas de esas ideas vagas y difusas de los candidatos, plantean cosas que no podrían cumplir porque no están dentro de su competencia; es decir, que no estarían legalmente facultados para cumplir esas promesas. La penúltima: Por eso luego escuchamos propuestas de candidat@s a ejecutivos que son funciones del Poder Legislativo o propuestas de candidatos locales que son de materia federal. Lo que tendría que ser un ejercicio de educación cívica termina confundiendo más a las personas. La última y nos vamos: Además, los doctos publicistas están convencidos de que las personas no tienen memoria, e inventan campañas que borran el pasado, que no tienen un ápice de autocrítica, que hacen como que "aquí no pasó nada" y que en el próximo gobierno se reinventa el mundo. Todos los candidatos se autoproclaman como el alfa y omega, y falsamente creen que la ciudadanía no recuerda las atrocidades, los agravios, las corruptelas y los malos desempeños de los políticos. Yo creo que no es así, que la gente recuerda y tiene más memoria de lo que se imaginan los estrategas electorales. Otra una: Los resultados de estas campañas están a la vista: incentivan el encono social, generan poca confianza en los futuros gobernantes, ahuyentan la participación ciudadana, no generan consensos sociales, es decir, precarizan la democracia. No son gratuitos los altos niveles de abstencionismo y la imagen cada vez más deteriorada que tiene la democracia en México. Otra más: Si alguien se preguntara si este tipo de campañas degrada la democracia o es una expresión más de la degradación del sistema político mexicano; yo diría que ambas cosas y por eso se ha vuelto un círculo vicioso de nefastos y lamentables efectos. De la casa: ¿Qué hacer? Se me ocurren dos cosas: rechazar las campañas espotizadas y basadas en la configuración de candidatos-"postal" y "jalar" a los candidatos al debate, la propuesta, el diagnóstico y el planteamiento de soluciones viables. La actitud que menos ayuda es la resignación ante el vergonzoso espectáculo que estamos presenciando.
Comentarios
|
|
|
PUBLICIDAD
|
|
|
|