Entre el dolor y la risa, así inició el día y terminó la jornada laboral en conocido taller mecánico. Un joven, un anciano y hasta una perra fueron picados por una enjambre. Los dos primeros fueron auxiliados por paramédicos y rescatistas. La mascota se limitó a echarse.

“¡Pérese, no se mueva, cierre los ojos!”, le grita el hombre a Casimiro, hombre de la tercera edad que agita los brazos tratando de ahuyentar a las abejas que se acercan amenazantes a su rostro enjuto.

Los insectos deberían dar miel, pero esta vez solo dan dolor. Casimiro tiene en su cabeza al menos 20 aguijones clavados.

Los paramédicos de Protección Civil le arrancan algunos. Un taxi pasa y el chafirete grita: “No se lo quiten, déjenlo, le va hacer bien para su reuma”.

“¡Tas loco, si no tengo reuma!”, contesta Casimiro, pero sonriendo.

Un joven, ayudante del taller mecánico ubicado sobre la avenida Palmar 2, entre calle Aceituna y calzada Señor del Pozo, en la colonia Arroyo Grande, ya fue llevado a una clínica particular.

Fue el primero en ser atacado por las abejas africanizadas. Apenas había llegado a laborar, cuando le cundieron los insectos.

Fueron más de 70 picaduras en su cuerpo, la mayoría en el cuero cabelludo.

Casimiro vive justo enfrente del taller. Al salir de su casa se topó con el enjambre del cual ya había huido el joven.

Otro vecino corrió a su casa y tomó el insecticida en aerosol. Fue tras Casimiro y cuando lo alcanzó lo “ayudó”.

Aplicó el atomizador directo a la cara del anciano. “¡Pérese, no se mueva, cierre los ojos!”, le gritó el hombre a Casimiro.

“Hey, ¿pero es solo Casa y Jardín? ¿No es malo para la gente? ¿No sea que en vez de matar a la abeja me vayas a matar a mí?, dijo Casimiro y todos rieron.

Mientras todos estaban entretenidos con Casimiro y su “remedio”, echada cerca de la unidad de ataque rápido de Protección Civil Municipal, una perra que tiene crías, se arrastraba.

Trataba de calmar su dolor. Es que la mascota cuida en el taller referido y las abejas también le picaron.

Pero a ella nadie la auxilió. Los paramédicos le tuvieron miedo. Se veía brava.

La ambulancia PCAC-01 y la unidad de ataque rápido PCAR-04, se marcharon con los elementos sonrientes, tras cumplir su deber.

En el lugar se quedaron Casimiro, sonriente también, y el vecino con su bote de insecticida en aerosol, preocupado, pensando si su “ayuda” no sería contraproducente para su amigo y vecino Casimiro.