Política exterior disfuncional

Mark Landers señala en el New York Times que Washington conduce dos distintas y contrapuestas políticas exteriores: la del presidente y la de su gobierno. Desde la campaña de 2016, la retórica nativista-populista-nacionalista de Donald Trump comenzó a minar la política exterior de Estado observada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Después de 19 meses queda claro que no se trató de un ardid electorero, sino de la insensata actitud de quien desconoce totalmente la política mundial, utiliza irresponsablemente los temas externos para sus intereses políticos y complacer a su base electoral, no lee ni escucha lo que proviene de sus asesores, y se guía por sus “instintos” y consejo de sus familiares que saben de la problemática foránea menos que él. El problema se agrava porque miente compulsivamente, inventa “alternative realities” y cambia de pareceres. La aseveración de que “como digo una cosa, digo otra” es graciosa en un personaje televisivo, pero en el presidente de la superpotencia es desestabilizado