Barrera de coral enfrenta a ecologistas y petroleras

La barrera de coral en la costa atlántica frente a la desembocadura del río Amazonas, está en el origen de un contencioso mediático y jurídico entre Greenpeace y la petrolera francesa Total, que ambiciona extraer petróleo en una región poco explorada, pero rica aparentemente en hidrocarburos.

El pasado 1 de junio 250 activistas de la ONG ecologista irrumpieron por sorpresa en la asamblea anual de accionistas de Total en París para denunciar los planes de la compañía de perforar el lecho marino en el delta amazónico, lo que provocó que se interrumpiera el evento.

Fue el último episodio de una larga batalla mediático-jurídica entre las dos entidades, con intereses opuestos después de que Greenpeace descubrió, fotografió y publicó la presencia de corales en una región que podría extenderse hasta los 56 mil kilómetros cuadrados, según los expertos.

“Me pregunto si es responsable explorar petróleo a casi dos mil metros de profundidad, en condiciones de corrientes marinas extremas y cerca de un arrecife recién descubierto”, cuestionó el especialista en energía de Greenpeace Brasil, Thiago Almedia.

Total opera cinco bloques marinos en el delta del río Amazonas, el más caudaloso y extenso del mundo, en una región situada a 120 kilómetros de las costas brasileñas, y asegura que cumple la legislación vigente y que la barrera de coral está a por lo menos 28 kilómetros de los pozos de exploración previstos.

Sin embargo, los estudios realizados por la empresa no lograron convencer al ente ambiental brasileño, el IBAMA, que hace unas semanas volvió a cuestionar el estudio de impacto ambiental presentado por la compañía, por lo que no emitió todavía la necesaria autorización para poder explorar los yacimientos.

Los pozos, inexplorados hasta la fecha, podrían suponer el descubrimiento de una nueva gran reserva de crudo en un país que desde 2006 -cuando fueron anunciados los yacimientos bajo la capa marina del litoral de Río de Janeiro- ha experimentado una revolución en el sector de los hidrocarburos y el crecimiento exponencial de la estatal Petrobras.

Sin embargo, esas eventuales reservas -para cuya exploración ya desembolsaron millones de dólares empresas petroleras como Total- pueden suponer un riesgo para el ecosistema amazónico del estado de Amapá, al norte de Brasil, una región poco habitada y hasta hoy muy preservada del Amazonas que está, además, en el punto de mira de productores de soja.

Pescadores, fiscales, investigadores y defensores del medioambiente, así como otros representantes de la sociedad civil, temen los eventuales impactos de la explotación de los pozos, así como un eventual accidente que provocara un derrame de crudo.

El anuncio en 2006 del descubrimiento de reservas que superan los 30 mil millones de barriles en aguas ultraprofundas, colocó a Brasil como uno de los países con mayor potencial productor del planeta.