Un día como hoy pero de 1960, un grupo de ocho jóvenes arribaba al municipio de Chicoasén después de finalizar lo impensable: aventurarse dentro de los 25 kilómetros del antiguo afluente del Cañón del Sumidero y salir con vida de allí. Se trataba de la agrupación que pasaría la historia como el Grupo del Pañuelo Rojo.

Fueron el primer y único grupo en lograr la hazaña de atravesar el Cañón; años antes de ellos, españoles, franceses, estadounidenses y mexicanos trataron de ser los primeros, pero no lo lograron.

Cabe destacar, que antes de la construcción de la Presa Hidroeléctrica Manuel Moreno Torres (Chicoasén), el aspecto del Cañón del Sumidero era totalmente diferente, no se podía transitar con lanchas motorizadas, el río no tenía el ancho ni la profundidad de hoy.

En aquel entonces se encontraban rápidos, pequeños barrancos, cascadas sobre las paredes del Cañón, piedras gigantes, todas ellas sepultadas con la construcción de mencionada presa.

Antecedente

En 1527, sobre los tiempos de la Conquista, el capitán español Luis Marín trató de navegar y cruzar el imponente Cañón pero fracasó; cientos de años después en 1869, los franceses Pedro Gastinel y los hermanos Faudon quisieron realizar la hazaña pero corrieron con la misma suerte que su homólogo europeo.

Incluso se comenta, que los franceses a bordo de una pequeña canoa osaron atravesar “el mausoleo” natural pero perecieron, probablemente por los rápidos que aguardaba el Sumidero.

Los siguientes en pretender cruzar los 25 kilómetros fueron mexicanos, de 1915 a 1922 Marcos Becerra y otros chiapanecos que solamente realizaron avances dentro del sumidero, después de varios intentos desistieron.

En 1958 una expedición del Heroico Colegio Militar, comandadas por Francisco J. Grajales, ex gobernador de Chiapas, solo pudieron llegar a la altura del segundo mirador La Coyota, donde se comenta quedaron varados y desistieron del intento.

El anterior grupo según era el mejor equipado de todos los anteriores, por ello lograron penetrar aproximadamente tres kilómetros más a partir del primer mirador, La Ceiba.

Al año siguiente, una mujer apodada “La Mujer de los Ríos” junto a sus compatriotas norteamericanos trataron también de ingresar al Sumidero, sin embargo solamente ingresaron unos cuantos kilómetros.

Finalmente, ese mismo año Francisco Fernández Alberdi, un explorador español, ingresó al majestuoso cañón mediante un bote construido por él mismo, jamás se tuvo conocimiento de su paradero, de hecho tampoco encontraron su cuerpo dentro del caudaloso río Grijalva.

“Una vez internados el Cañón encontramos cadáveres humanos entre las rocas, jamás supimos a quienes pertenecerían”, comentó Martín Pérez Chamé, unos de los tres actuales sobrevivientes del Pañuelo Rojo,

Pañuelo Rojo

Fue así que el 31 de marzo del 1960, hace 56 años, un grupo de ochos jóvenes chiapanecos se reunieron sobre las “fauces” del Sumidero, con el único objetivo de atravesar el imponente Cañón, cada uno de ellos solamente llevaban una mochila sencilla con suministros y precarias herramientas de supervivencia.

Los acompañaban dos balsas inflables, una reforzada (o improvisada) con llanta de tractor y la otra solamente soportaba el peso de un par de personas adultas. Zarparon a la aventura histórica después de recibir la bendición de un clérigo.

“Es fácil decir que ya pasaron 56 años de que logramos la exploración, pero no es así, ya que la aventura fue todo lo contrario. En ese entonces yo contaba con 20 años de edad”, agregó Pérez Chamé.

En ese 31 de marzo, los futuros héroes del estado zarparían a las nueve horas de la mañana sobre una canoa. Los sobrevivientes recuerdan que los acompañan unos locutores de radio. Les tomó horas poder llegar a la altura del primer mirador, La Ceiba.

A partir de ahí saldrían por su propia cuenta en dirección hacia la altura del segundo mirador, La Coyota, donde otros intrépidos hasta ahí habían podido llegar en años anteriores.

“El punto más difícil fue a partir del segundo mirador en adelante, porque comenzaba una infinidad de rápidos duros de transitar. Afortunadamente nunca nos topamos con animales silvestres y peligrosos”, puntualizó.

Solamente se toparon con una familia de monos araña que les aventaban hojas, frutas y ramas, después de haber transitado a pie por un desfiladero de decenas de altura, una zona donde la corriente del río hacía tanto ruido que solamente mediante gritos se podían comunicar.

Cabe destacar, que a unos cinco días de haber emprendido la aventura y de internarse en el recinto natural, a la expedición se le habían acabado los víveres; una avioneta transitó por lo aires y le arrojó suministros, sin embargo el viento los alejó de ellos.

Lo anterior, se debió a que habían pactado con un batallón militar una forma de comunicarse en caso de precisar algo. Sin embargo fue una segunda avioneta la que sobrevoló muy por debajo la que pudo abastecerlos con comida.

Estas y demás peripecias padecieron durante toda la trayectoria, fue así que el 8 de abril de 1960,el Grupo Pañuelo Rojo llegaba en el pequeño poblado de Chicoasén, ahí ya los esperaba una gran multitud que los recibiría con música, flores y abrazos, los mismos exploradores a quienes meses antes les fue negada una ayuda por parte del ex gobernador Grajales.