La Iglesia Católica responde en la medida de sus posibilidades a los desafíos relacionados con los migrantes y por ello proporciona ayuda humanitaria en 77 casas –albergues- de atención ubicadas en toda la ruta que siguen desde su ingreso a México hasta que llegan a la frontera con Estados Unidos.

El coordinador de la Dimensión de Movilidad Humana de la Diócesis de Tapachula, César Cañaveral, afirmó que en el 2015 se vivió una crisis con la llegada de miles de cubanos y haitianos, mientras que el año pasado y el actual son caravanas de centroamericanos los que ingresan al país.

Aclaró que no solamente ingresan por miles –como los anteriores- sino en grupos pequeños que suman muchos más al año, procedentes de Honduras, Guatemala y El Salvador y que buscan llegar a la Unión Americana.

Es a este tipo de personas las que se atienden a través de los albergues como el Diocesano Belén que fue reabierto, con capacidad para 180 personas.

“Se establecerán reglamentos de operación y de estancia de los migrantes que sean recibidos, pero todos sin excepción deberán actuar con respeto para que las cosas funcionen bien y haya orden”, indicó.

Ante los anuncios de la llegada de nuevas caravanas a la frontera sur en los próximos días, dijo que una sola institución no puede hacerle frente, sino que se requiere de la colaboración y participación de todos los órdenes de gobierno y de la propia sociedad civil.