La Iglesia “no es ajena” a los problemas que ocurren en municipios de la diócesis de San Cristóbal, y por ello está interviniendo para tratar de encontrar una solución al conflicto en Chenalhó, afirmó el obispo Felipe Arizmendi Esquivel.

Agregó que interviene “no porque de nosotros dependa una solución política, sino porque por medio de la Vicaría de Justicia y Paz que atiende el padre Gonzalo Ituarte, estamos colaborando para los diálogos como lo hicimos” cuando ocurrió un problema similar en Oxchuc.

Señaló que algunas veces “no alcanzamos a atender suficientemente los conflictos”, que ocurren en los  municipios que abarca la diócesis, la mayoría de ellos indígenas.

Por ejemplo, abundó, “ahora nos preocupa mucho la situación de Chenalhó, porque hay problemas políticos entre la presidenta Rosa Pérez Pérez y el síndico municipal, Miguel Sántiz Alvarez, y se han creado dos corrientes, unos la aceptan a ella y otros, ya quieren que se vaya”.

En rueda de prensa también se refirió al caso de los dos niños de Chanal, que murieron intoxicados el viernes pasado, debido a que opositores al alcalde Javier Velasco Bautista que tenían bloqueada la carretera, no permitieron el paso de la ambulancia que los trasladaba al Hospital de las Culturas de San Cristóbal.

“Con frecuencia hemos dicho que cuando haya bloqueos por cualquier razón, se de paso a los enfermos, ancianos o personas que tienen cosas urgentes que atender”, dijo al tiempo de agregar que “en este caso puede haber responsabilidad jurídica porque primero está la vida, antes que la lucha por cualquier problema”.

Exhortó a quienes por alguna razón bloquean carreteras, a que “lo hagan de manera intermitente o busquen una alternativa para que no se dañe más a la población”.

Arizmendi Esquivel manifestó lo anterior, después de la misa que ofició este domingo a las 12 horas en la Catedral de San Cristóbal, en la que recibió muchas felicitaciones y algunos regalos, ya que cumplió este primero de mayo 76 años de edad y 16 de su consagración episcopal, como obispo de San Cristóbal de Las Casas.

Al respecto, dijo: “Le doy gracias a Dios por estos 76 años de vida y 16 de haber llegado a San Cristóbal de las Casas, como indigno sucesor de don Samuel Ruiz García”.

Remarcó: “No puedo competir con la gran figura que es don Samuel, ni a destruir todas las obras buenas que aquí se han hecho, sobre todo la promoción de los indígenas, de la paz, sino complementar para poner en práctica, el sínodo diocesano que él aprobó en su tiempo, y complementar de acuerdo con los nuevo retos que se fueran presentando como la migración, las nuevas culturas que llegan a las comunidades rurales e indígenas, la promoción de las vocaciones al sacerdocio, continuar con el proceso del diaconado”.

Dio gracias a Dios “porque cuando llegué, después de estar 9 años en Tapachula, aunque estaba muy contento allá, vine con gusto porque veía que era la voluntad de Dios; los primeros tres años fueron muy difíciles por la transición, pero cada día me he sentido más a gusto”.