Miles de familias llegaron a la Base Aérea Militar 1 de Santa Lucía para disfrutar el VII Espectáculo de la Fuerza Aérea Mexicana. NTX
Miles de familias llegaron a la Base Aérea Militar 1 de Santa Lucía para disfrutar el VII Espectáculo de la Fuerza Aérea Mexicana. NTX

Con horas de anticipación, miles de familias llegaron a la Base Aérea Militar 1 de Santa Lucía para disfrutar el VII Espectáculo de la Fuerza Aérea Mexicana, esta vez dedicado al Centenario de la Constitución.

Algunos provenientes de Naucalpan o Nezahualcóyotl se tuvieron que despertar a las 4:00 para llegar a las 7:00 horas a este municipio, más cercano a Hidalgo que a la Ciudad de México.

Mamás y papás, niñas, niños, sobrinos, abuelos, llegaron preparados con casas de campaña, sombrillas, cobijas, sillas plegables, bloqueador solar, tortas y refrescos para aguantar una larga pero entretenida jornada.

El mariachi y la banda tropical de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) amenizaron la espera, mientras la gente se tomaba “fotos pal feis”, con los 18 aviones y helicópteros en exhibición estacionados a lo largo de la enorme pista de maniobras.

A las 11:00 horas las trompetas entonaron el toque de atención que retumbó en el equipo de sonido, la gente calló y entre el silencio vibraron dos helicópteros UH-6M: uno sostenía la Bandera Nacional hondeando de bajo como si la cuerda fuera un asta que cuelga, el otro portaba el banderín distintivo del espectáculo.

La cuerda se llama gancho externo, según explicó el capitán segundo Esdras Nahum Hernández López; la técnica se utiliza para cargar objetos muy pesados o que no caben en el helicóptero.

Ocho aviones T-6C formados como flecha cruzaron en medio de los helicópteros, sonó el Himno Nacional y el espectáculo inició formalmente.

Aviones amarillos PT-17 soltaron papeles de colores; en parejas, coordinados, helicópteros MD530F y MI-17 simularon tiros y bombardeos.

Las ovaciones crecieron con la llegada de la Brigada de Fusileros Paracaidistas, uno de los momentos más esperados por quienes han asistido a los anteriores espectáculos.

Una veintena de aviones y más de 120 elementos de ese grupo de élite mostraron diversas formaciones y ejercicios de infiltración, trepando en cuerdas, cayendo en masa o tan ordenados como una parvada al tiempo que saludaban a los espectadores y al titular de la Sedena, Salvador Cienfuegos, desde aviones Hércules.

Conducir una aeronave “es una gran responsabilidad, porque está de por medio la vida de los compañeros a los que transportamos”, señaló Hernández López, pero también “es una meta y un sueño cumplido que tuve desde niño”.

El espectáculo duró alrededor de dos horas con apenas un intermedio de cinco minutos.

Las 29 etapas de este desfile aéreo incluyeron cuatro tablas acrobáticas y ejercicios coordinados de alta dificultad que mostraron las habilidades de los pilotos y potencial de naves de reciente adquisición como el F5 Tigre, que literalmente “ruge” y es el más rápido.

“La sensación de volar, estar en el aire, es indescriptible, se siente muy bien”, expresó a su vez el capitán diplomado de Estado Mayor, Miguel Frausto Aguilera, con más de 20 años en la Fuerza Aérea.

Entrevistado después del espectáculo, expuso que las maniobras observadas requieren un alto grado de concentración y lo más difícil es volar en conjunto, pues romper la formación es potencialmente peligroso.

Los pilotos militares pasan cuatro años y medio de formación más los que requiera de especialización.

También resaltó el trabajo “que no se ve” en el espectáculo, es decir el que realizan meteorólogos, controladores aéreos en las pistas y diversos técnicos que revisan las condiciones de las aeronaves.