El Derecho asiste

El pasado domingo 3 de marzo, en un acto de campaña en Pennsylvania, el presidente Trump reveló que el presidente Peña Nieto le había pedido una declaración diciendo que México no pagaría por el muro, a lo que le contestó: “Are you crazy?, I am not making that statement” (“¿Estás loco?, no voy a declarar eso”).

Sobre el muro y su pago, la reiterada negativa del presidente Peña Nieto se apega al Derecho Internacional (DI) que rige las relaciones entre Estados e “impone limitaciones generales a la acción que un Estado pueda ejecutar, que cause perjuicio en el territorio de otro Estado” (Corte Internacional de Justicia, Asociación de DI, Bruselas, 1962).

La idea del presidente Trump de construir un muro que pague México descansa en la doctrina de la soberanía ilimitada de cada nación frente a las demás, dentro de su propio territorio. Doctrina que infructuosamente elaboró el procurador general Judson Harmon en 1895 ante la reclamación que presentó México a través de Matías Romero al presidente Cleveland por el daño a la agricultura mexicana, que causó la desviación en territorio estadounidense de las aguas del Río Grande (Bravo).

Pero la Suprema Corte de Justicia de EU sustentó un criterio opuesto, basado en casos de controversias fronterizas interestatales (Kansas vs Colorado, Missouri vs Illinois, NY vs New Jersey) y coincidente con la doctrina del reconocido internacionalista Oppenheim, según la cual: “a un Estado, a pesar de su supremacía territorial, no le está permitido alterar las condiciones naturales de su territorio en desventaja de las condiciones naturales del territorio de un Estado vecino” (Derecho Internacional, vol.I Pgs. 463-85). Esto es la doctrina de la soberanía relativa o limitada.

Por su parte, el Departamento de Estado de EU sostuvo que “si la soberanía no estuviera sujeta al derecho internacional, el resultado sería la anarquía internacional”. (Memorandum of the State Department April 21, 1958). La soberanía absoluta permitiría, entre otros, a Corea del Norte construir armas nucleares y nadie podría reclamarle nada ni sancionarla, pues estaría haciendo uso de su derecho soberano.

Incluso EU ha aplicado el principio de la soberanía limitada cuando reclamaron a Canadá los daños causados por la Consolidated Mining and Smelting Company, a 6 millas de su frontera, por el humo de dióxido sulfúrico, que el aire arrastraba hacia EU. La controversia se resolvió en 1941 con el principio de la soberanía limitada de Canadá, pues no podía autorizar la operación de una fundición cuyos humos dañaban a su vecino, y la fábrica cerró. Así, EU generó un precedente sobre los derechos de vecindad: no se puede afectar al vecino con actos en el territorio propio.

Nuestras relaciones fronterizas con EU se rigen, además, del principio del DI, antes citado, por el Tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848.

Para el caso de diferendos entre los dos gobiernos, el artículo 21 de ese tratado indica: “Si desgraciadamente en el futuro se suscitare algún desacuerdo entre los gobiernos, bien sea sobre la inteligencia de alguna estipulación de este Tratado o sobre cualquiera otra materia, los mismos gobiernos se comprometen a procurar, de la manera más sincera y empeñosa, allanar las diferencias y conservar el estado de paz y amistad”. Es decir, mediante la diplomacia.

Si el presidente Trump considera un agravio lo que ocurre en su frontera sur, en el TGH que suscribió y ratificó su país tiene la solución (artículo 21): la negociación política. Pero imponer una medida unilateral a su vecino, como la construcción y pago de un muro, equivale a desconocer la normatividad vigente y aplicable: principios de DI de soberanía limitada, TGH, resoluciones de su Corte, criterios del Departamento de Estado y el precedente canadiense.

Por lo tanto, el muro es jurídicamente impagable, y no es una locura, sino un acto de sensatez política y jurídica, si fuera el caso de haberle pedido que declare que México no pagará el muro.

Frente al uso de la fuerza, a México, no le queda otro recurso y discurso, que esgrimir la fuerza del Derecho. Esa ha sido la lección de nuestra Historia.