Ellas venden caricias de día; ellos de noche

El Ayuntamiento dice haber limpiado las calles céntricas de Tuxtla del ambulantaje, no así del sexoservicio que ofertan mujeres de día y hombres de noche. Es un problema de salud, dicen unos. Es “un mal necesario”, dicen otros. “Ganamos todos”, dicen meretrices y hoteleros. La ciudadanía exige control y reubicación.

“Vayan a la 5a. Sur y 4a. Oriente de Tuxtla”, dijo una mujer que hizo el reporte anónimo a este rotativo. Al acudir, en efecto había dos mujeres “sospechosas”. Una vestía short blanco, la otra un vestido corto y sensual. Ambas tenían tatuajes en tobillos y cuellos.

Sobre la 5a Sur, entre 4a y 6a Oriente, esperaban dos jóvenes, potenciales clientes. Recargados sobre las paredes de los hoteles cercanos, esperaban nerviosos para abordar a las sexo servidoras.

En la misma 5a Sur y 1a Oriente, dos jovencitas que parecían como cualquier mujer, paradas en la esquina sonreían a cuanto hombre pasaba. Uno se detuvo y las observó. Una de ellas se levantó por delante un poco la blusa y le señaló su parte íntima mientras sonreía coqueta.

Sobre la misma 5a Sur, pero en la 1a Poniente, paradas frente al aparador de una zapatería, un par de mujeres morenas, con short ajustados, dialogaban con un hombre. Una de ellas se adelantó y el hombre la siguió a prudente distancia. Entraron al hotel ubicado en la 2a Poniente entre 3a y 2a Sur.

Durante un recorrido efectuado por este medio se constató que como estos sitios, abundan otros lugares de “cita” en la zona Centro de Tuxtla Gutiérrez: 2a Norte y 1a Oriente, 4a Poniente y 3a Sur, Parque Central (atrás de la Catedral San Marcos).

“Deben reubicarlas, para eso está la Zona de Tolerancia, se ve mal y está mal, lo malo que a veces nos confunden”, dice una mujer que fue ofendida por un hombre que le preguntó cuánto cobraba. “Sólo estaba descansando un rato en esta banca; qué iba yo a saber que aquí vienen las mujeres de la vida galante”, expresa molesta la fémina.

Antonio Ríos (seudónimo) es Policía Municipal. Dice que antes realizaban redadas (sobre todo en las noches) y que se llevó a cabo una reubicación de meretrices. “Pocas se fueron. La mayoría se quedó y regresó a la calle”.

“El problema es que muchas veces no se sabe quién es quién. Podemos equivocarnos al llevar a mujeres decentes, es que algunas visten muy discretas”, aclara el elemento de seguridad.

Sin embargo son muy conocidas. Siempre andan en parejas. Siempre están en un solo lugar. Algunas lucen tatuajes y vestidos provocativos. Se ubican cerca de hoteles de paso.

Por ejemplo, sobre la 2a Norte entre 1a y 2a Oriente, paradas en la puerta del teatro Francisco I. Madero, ayer estaba un par de mujeres. Una con vestido negro corto, escondida. La otra de blanco, sentada. Casi enfrente hay un hotel de paso.

En la 4a Poniente, entre 2a y 3a Sur frente a una posada, siempre hay dos mujeres que ofertan sus caricias. Cobran 100 pesos. Por el cuarto de hotel son 50 más. O si el cliente prefiere un cuartucho particular en la esquina de 3a sur y 4a Poniente, son 20 pesos más.

“No le hacemos mal a nadie. Es un trabajo como cualquier otro. Ganamos todos: Los clientes se van satisfechos, nosotras tenemos un ingreso y ayudamos a los hotelitos que de otro modo no tendrían ingresos”, dice Azul (seudónimo) que dice tener un hijo. Es madre soltera.

Amparo “N” (seudónimo) administra un pequeño hotel céntrico en Tuxtla. Dice que allí “llegan de todo. No sabemos quienes son ni a qué vienen, ni nos interesa, lo que importa es que ocupen las habitaciones. La verdad es que la mayoría los usan un rato. Son habitaciones económicas de 100 y 150 pesos”.

Y el problema visible de día, se agiganta de noche. Hombres ofertan sus servicios en las equinas de la 2a a la 7a Poniente sobre la Avenida Central. Es un secreto a voces: todos lo saben, nadie actúa para regularlo.