Exhiben piezas creadas por reclusos

Alejandro Rubio Sandria tiene 34 años y estuvo preso nueve años y seis meses. Adentro, en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México, pintaba todos los días, de 8 de la mañana a 5 de la tarde.

“El arte me daba alas. Fue un cambio de conciencia, otra forma de ver”, dice Alejandro, quien hace 15 días recuperó la libertad. Él es uno de los artistas que crearon las obras de la exposición “Serie Libertad. Kölektive.Feat”, que desde este miércoles se exhibe en el Seminario de Cultura Mexicana y que reúne el trabajo de 14 artistas en reclusión y dos que ya están en libertad.

Los trabajos fueron creados en la cárcel y quien impulsó su realización fue la artista Lourdes S. Puig, quien a partir de la experiencia de su acercamiento y trabajo en el Reclusorio Norte formó el Kölektive.Feat.

Las obras en exhibición fueron creadas tras el trabajo en talleres y con base en conversaciones acerca del arte contemporáneo y de la experimentación de técnicas. La serie está conformada por 30 obras producidas con técnica mixta (transfer fotográfico, acrílico, óleo), con las que los creadores reflexionan sobre la libertad y acerca de sí mismos. Muchas de estas piezas parten del retrato fotográfico de los propios presos —las fotos fueron hechas por Lourdes— y derivan en intervenciones de los demás artistas.

Bajo la dirección artística de Lourdes, los artistas privados de la libertad en el Reclusorio trabajaron, desde marzo de 2017, en un taller de expresión artística abstracta buscando el desarrollo y creación de artistas.

A la fecha, el taller se ha convertido en una incubadora de artistas que busca ofrecer una alternativa profesional a las personas que se encuentran privadas de libertad y que tienen la capacidad, disciplina y calidad para convertirse en artistas, contando con un cuerpo de obra interesante y un currículum sobresaliente que les ayude a abrirse paso, una vez en libertad, en el mundo del arte.

Lourdes S. Puig cuenta que la pregunta acerca de qué significa la libertad la llevó a buscar entrar al Reclusorio Norte; luego, ahí se dio la oportunidad de dar clases.

“Ahí conocí el taller de Francisco Tejeda Jaramillo, que ya salió del reclusorio. Creamos el colectivo y empezamos las clases. Encontré una voz en cada uno, un sello propio”, señala.