Fernando del Paso recibe medalla en Guadalajara

“Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, como en tu rostro y tus acciones vía que con palabras no te persuadía, que el corazón me vieses deseaba”, leyó Fernando del Paso en el barroco español con que fue escrito el soneto amoroso sin título de Sor Juana Inés de la Cruz, al recibir la medalla con el nombre de la Décima Musa entregada por la Universidad del Claustro de Sor Juana en el Instituto Cultural Cabañas.

“No soy un experto, pero sí un enamorado de su poesía, esto me exime de opiniones comprometedoras y de hipótesis demasiado audaces sobre los complejos que, para no comprometerme, podría llamar freudianos y me dejan en libertad de disfrutar su obra de la manera más cándida posible”, dijo el escritor en la ceremonia.

La presea es la máxima distinción que desde 2005 otorga anualmente esa casa de estudios “a quienes han contribuido al desarrollo cultural, artístico y académico de nuestro país”. Entre los 13 personajes que la han recibido figuran Elena Poniatowska, José Narro, Carmen Aristegui, Leonora Carrington, Estela de Carlotto y Carlos Slim.

“Imagínense ustedes lo que este bellísimo soneto puede significar para un adolescente de 12 años que por primera vez, por decirlo así, lo contempla (...) Estoy lejos de ser un experto en la literatura de la monja mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, pero me he visto muy cerca, muchas veces, en trance amoroso con lo que era ella y ella escribía”, afirmó Del Paso.

“Tres fueron los autores que descubrí en esas estadías en las que yo viajaba por España a lomos de un Rocinante, por el mundo y el universo con Julio Verne y por el lenguaje castellano con Sor Juana Inés de la Cruz”.

Esto, dijo, lo hizo darse cuenta de que “para escribir es necesario escribir bien o mejor no hacerlo”, además de que el lenguaje “es por fortuna un ser vivo con el que podemos jugar y al que podemos dominar, no sin antes reconocer sus reglas y su originalidad, su fuerza viva y su constante evolucionar”.

Afirmó que para México la obra de Sor Juana va más allá de su gran valor literario, pues como hija natural y monja profesa forjó una obra literaria cuando el feminismo estaba en desarrollo y supo imponer su personalidad en una sociedad enfocada hacia la masculinidad.