Mascaras milenarias conectadas con el sol

Francisco Aguilar Lara heredó el gusto de hacer máscaras para el carnaval de su pueblo Huixtán, desde su abuelo Norberto Aguilar y ha continuado la tradición que le inculcó su padre, José Aguilar Liévano.

Las máscaras que usan los llamados tank chaks (nalgas pintadas) durante el carnaval de cada Semana Santa -una de las festividades más importantes del municipio-, son elaboradas por Francisco en su pequeño taller.

En entrevista, cuenta que desde los 10 años de edad (hace 45) comenzó a ayudarle a su padre, que lo ponía a afinar la piel y a los 15 años ya pegaba adornos y luego comenzó de lleno a elaborar las máscaras, que son muy tradicionales en Huixtán.

En su casa situada en la cabecera municipal de Huixtán, Francisco dice que elaborar una máscara le lleva tres días, sin contar el tiempo para conseguir los materiales.

“La base de las máscaras es de piel curtida de vaca que se pule y luego se pinta, se le pone la barba de cola de toro, no de pita, y se costura. Lleva un listón para adornar, además de cascabeles, gargantillas y un cristal en el ojo para evitar la entrada de polvo o que se dañen las pestañas porque” agrega: “lleva unos ojitos de adorno y para transpirar el aire; en Huixtán estas máscaras sólo se usan durante el carnaval, pero los turistas nacionales o extranjeros las compran como adorno”.

Manifiesta que muchos de los que las portan en el carnaval esconden su cara detrás de la máscara para “hacerle ojitos” a alguna mucha soltera o viuda.

“Cuando los habitantes vienen de las comunidades se forman por familias en el parque central o a un costado de la cancha de basquetbol. Los danzantes, que en la vida cotidiana ya conocen a las mujeres, si son soltera o son viudas, pasan, bailan y le tiran piropos. Se acercan y ya más directo le hablan y bailan. Cuentan que así se han hecho muchos matrimonios en Huixtán”.

Señala que una vez terminado el carnaval el interesado busca a la mujer que le bailó y le dice que era él quien escondido desde una máscara le dijo piropos porque le gusta; así la conquista.

“Hacer máscaras ha sido para mí una tradición, ha ido de generación en generación porque las hicieron mi abuelo y mi papá, pero ahora ya sólo yo hago, aunque no es tan redituable porque se venden sólo en el carnaval, unas 15 o 20. Por eso también hago artesanías, reparo calzado y pinto casas. De todos modos, tengo varias ya hechas, por si viene algún turista y quieren al momento”, expresa.

Agrega: “Mi hermano las sabe hacer, pero se dedica a otro trabajo. Tengo una hija que le interesa y le gusta, pero como está estudiando en la universidad en Ocosingo no tiene tiempo. En vacaciones sí me ayuda”.

“Para el carnaval es que se venden las máscaras, cuando alguien la va a usar por primera vez o se le arruinó la que tenía.  Los que ya compraron las guardan y si se les daña se le arregla, si el desperfecto es menor”, dice.

Relata que “según dicen, las máscaras tienen relación con el sol, porque es cachetón, y que el listón semeje los rayos resplandecientes; sí, tienen un significado, una conexión con el sol, con el rostro. Por eso se le ponen los coloridos de dibujos con flores, pájaros porque es una fiesta; para que sea algo alegre, llamativo”.

Comenta que su padre ganó varios premios en concursos nacionales y estatales de máscaras.