El secretario de Educación Pública, Otto Granados, subrayó que no es honesto ni decente destruir la reforma educativa y con ello eliminar las posibilidades de una mejor vida para los maestros y alumnos.

Cuestionó: “¿Es honesto volver a los viejos hábitos que lastimaron a niños y maestros? ¿Es decente destruir la reforma (educativa) y que no haya las posibilidades de una vida mejor para los cientos de miles de maestros y los millones de niños mexicanos que son los que en realidad están haciendo estos cambios? Categóricamente no”.

Durante la celebración del Día del Maestro encabezada por el presidente Enrique Peña Nieto en la residencia oficial de Los Pinos, dijo que por mucho tiempo “el país vivió en materia educativa entre la inercia y la frustración, se escolarizaba pero no se educaba; la discrecionalidad sustituyó al mérito, la simulación se volvió el orden natural de las cosas”.

Apuntó que el peso moral, político y ético de la reforma educativa “no se puede ignorar bajo ninguna circunstancia”, por lo que no es razonable negar sus progresos.

Granados Roldán sostuvo que por el contrario, se debe fortalecer, porque al hacerlo “es proporcionar a los niños y a los maestros, el equipamiento intelectual, la claridad política y la energía moral necesaria para abordar con éxito lo que venga en un mundo mucho mejor y en un México mucho mejor que el del pasado, pero también más competido y más complejo”.

Añadió que “haber construido uno de los sistemas educativos más grandes del mundo, que se ve y se vive en todos los rincones de la geografía nacional, es una hazaña de la que ustedes, maestras y maestros han sido los principales protagonistas”.

Dijo que si la conclusión es que la educación importa, la cuestión central es discernir si la actual reforma educativa responderá a los retos que enfrentará México en el siglo XXI, y si “consolidar su ejecución y defenderla frente al oportunismo, el abuso o la demagogia es una prioridad nacional. La respuesta en todo caso es afirmativa”.