Presentan la trilogía Como agua para chocolate

Laura Esquivel se sinceró con la fanaticada chiapaneca que acudió a verla, escucharla y convivir con ella. La autora de los libros Como agua para chocolate (Delbolsillo, 1989), El diario de Tita (Suma de Letras, 2016) y Mi negro pasado (Editorial Suma, 2017) expone que nunca pensó en hacer una trilogía, como la que conforman estos libros.

Confesó que cuando terminó de escribir la novela Como agua para chocolate, a finales de los 80, pensó en que ya había terminado de expresar lo que quería comunicar en ese momento, y recordó que ella quería hablar de lo que sucede en la cocina, en ese mundo íntimo, en esos espacios olvidados, esos rincones donde aparentemente parece que no sucede nada, poniéndolo en contraposición con una revolución, la de 1910, en marcha.

Puntualizó que en aquel momento quiso hacer visible cómo los cambios en el mundo público no necesariamente garantizan un verdadero cambio. “En ese momento las tres hermanas reaccionan de manera diferente ante la revolución que se gesta en el contexto de la novela: a una le asustan los cambios, la otra se incorpora totalmente al movimiento y Tita, aparentemente desde un espacio donde no sucedía nada, logra otra revolución: la íntima, la interior, la de ella misma que consiste en no pasar a la nueva generación una tradición castrante”, señala.

Además refiere que, en la historia, Tita —una de las protagonistas de la trilogía— le apostó a educar a Esperanza, aun teniendo que sacrificar su vida personal. No obstante, Tita mantendrá ese contacto íntimo, esa tradición que se transmite de generación en generación en la cocina, esto a modo de elogiar el papel de las mujeres que nos dieron lengua, patria e identidad.

Esquivel precisó que ella quiso hablar del papel de las mujeres cuya labor lo transforma todo. “El papel del hombre y de la mujer, sobre todo de la mujer, es realmente trascendente y de eso era lo que quería hablarles. Dije; ‘Espérense, aquí hay algo, aquí hay alquimia, aquí hay transformación día con día’”, dijo.

Pero pasados varios años, comparte Laura Esquivel, se dio cuenta de que en las presentaciones habían muchos jóvenes que no habían nacido cuando escribió Como agua para chocolate, pero que quedaban encantados con la historia, que inclusive lloraban con la novela, y ella se interrogaba sobre qué es lo que la historia de Tita les podría decir ahora.

La autora piensa que los jóvenes se identifican en una condición de víctimas, porque Tita era una víctima, un objeto del deseo de la madre, y quizá ya no haya madres con la misma actitud que la progenitora de Tita, pero sí existe un sistema opresor y este determina, por ejemplo, quién sí va a tener la oportunidad de ir a la escuela y quién no.

Señala que esa situación es algo dolorosa y hay un deseo de encontrar una vía por donde se le pueda dar la vuelta a este sistema opresor y encontrar la libertad. “En Mi negro pasado doy toda la vuelta de por dónde podemos escapar de este yugo opresor y alcanzar la felicidad, y tiene que ver con eso que hacemos en la cocina; estos espacios donde podemos tener estos reductos como para poder trabajar para el otro, para poder alimentar al otro y así poder quedar en la memoria de alguien más”, añadió.

“Es increíble que siendo el país que somos, que teniendo lo que tenemos, hayamos dejado de cocinar, de alimentar al otro. Es una pesadilla, en qué momento dejamos de hacer un caldito para el otro; por qué, qué pasó. Yo creo que esas son las preguntas que tenemos todos”, expresa Esquivel.

Por su parte Valente Molina dijo, sobre la obra de Laura Esquivel, que encontró una frase en la página 194 de la novela que dice: “Existe en este mundo un orden invisible que siempre deja abierta la posibilidad del retorno a la paz, a la unión y al amor”. Y eso es lo que significa la obra de esta autora, una historia extraordinaria que reúne las realidades más arraigadas.

Agregó que el caso que presenta Laura es muy descarnado de entrada: tener un hijo afro o un hijo negro, como se comenta en la obra, en una familia de ladinos, de rubios, es una historia fuerte, pero son cosas que pululan en nuestra sociedad mexicana y chiapaneca, en esta sociedad hipócrita, de clases —como dicen los teóricos—, y ella aborda esta situación de una manera magistral.