Quieren que la La Gioconda salga de viaje
La última vez que la obra de Da Vinci salió del Louvre fue en 1974. Cortesía

¿Podría abandonar las salas del Louvre el cuadro más importante entre las 35 mil obras que se exponen en el museo parisiense? La ministra francesa de Cultura, Françoise Nyssen, volvió a especular con la posibilidad de que La Gioconda abandone el recinto del Louvre, del que no ha salido desde hace 44 años a causa de su frágil estado de conservación.

Nyssen lleva varias semanas insinuando su voluntad de romper con esa regla no escrita. “¿Por qué debemos prohibirnos desplazar a La Gioconda?”, dijo en un discurso a finales de enero. Esta semana insistió en esa posibilidad.

Nyssen, ferviente partidaria de la descentralización de la cultura, opina que los franceses que no viven en París tienen tanto derecho como los capitalinos a acceder a una obra que pertenece a las colecciones públicas.

Por su parte, el alcalde de la ciudad de Lens, Sylvain Robert, ya ha movido ficha. El concejal ha solicitado formalmente el préstamo de la obra a través de una carta dirigida al presidente, Emmanuel Macron. El equipo de fútbol de la ciudad, el Racing Club de Lens, también se ha sumado a la causa. En febrero incluso desplegó una banderola durante uno de sus partidos donde figuraba la imagen de la Mona Lisa.

La última vez que la obra de Da Vinci salió del Louvre fue en 1974, cuando fue expuesta en Tokio y en Moscú por decisión del Elíseo y contra la opinión de los conservadores del museo.

Las voces contrarias a los planes de la ministra empiezan a pronunciarse. “La cuestión del desplazamiento del cuadro de Leonardo da Vinci se discute desde hace mucho tiempo entre científicos y responsables de colecciones, incluso dentro del propio Museo del Louvre. La decisión tomada hace ya muchos años es inapelable. Por razones de conservación, la Gioconda no puede moverse y no debe ser prestada, sea donde sea”, expresó el historiador del arte Didier Rykner en La Tribune de l’Art.

En los últimos años, el Louvre se ha negado en distintas ocasiones a prestar esta obra. En 2011, rechazó una petición llegada de Florencia. “Incluso cuando la descolgamos para examinarla una vez al año, no la llevamos al laboratorio, sino que la estudiamos en la sala. Dos horas fuera de la protección isoterma son suficientes para constatar que la hendidura aumenta”, explicó a Le Figaro el entonces director del departamento de Pintura del Louvre, Vincent Pomarède, advirtiendo de que “un viaje podría provocar daños irreversibles”.