Solo los meteoritos se salvaron del incendio
Fotografía del incendio del pasado domingo. Cortesía

En palabras del museógrafo Marco Aurelio Caldas tras ingresar al Museo Nacional de Brasil expresan la magnitud de la tragedia: “Se acabó todo”. Con excepción de varios meteoritos, y a reserva de una evaluación más detallada, el incendio que se produjo la noche del domingo en el recinto que este 2018 cumplió 200 años, destruyó casi toda la colección de 20 millones de objetos, entre los que había piezas grecorromanas y egipcias; “Luzia”, el cráneo humano más antiguo hallado en América; y uno de los más grandes acervos de las etnias del Amazonas.

El humo salía el lunes del museo, mientras que afuera manifestantes expresaban indignación por la falta de recursos para preservar el patrimonio cultural, lo que causó la destrucción de buena parte de los archivos más ricos de Latinoamérica, piezas históricas y documentos.

En febrero, el director de la institución, Alexander Kellner, alertó: “Solo tenemos fondos para medidas paliativas de prevención”. Aunque dijo que habría que evaluar la magnitud de los daños, el vicedirector, Luiz Fernando Dias Duarte, insinuó que podría ser catastrófico, con la mayoría de los objetos en el edificio principal destruidos, a excepción de algunos meteoritos.

“Es intensamente triste y un reflejo del abandono que sufren actualmente las instituciones culturales en Brasil”, expresó vía correo electrónico el curador mexicano Pablo León de la Barra, quien fue director de la Casa França Brasil en Río de Janeiro.

Varios funcionarios han dicho que se sabía que el edificio estaba en un estado de grave deterioro y que había un riesgo significativo de incendios. El museo había sufrido de falta de fondos durante años, lo que impidió que se hicieran renovaciones y obligó a que algunas exhibiciones fueran cerradas. El diario Folha de Sao Paulo reportó en mayo, mientras el museo se preparaba para celebrar su bicentenario, que el presupuesto anual había disminuido de 130 mil dólares en 2013 a 84 mil dólares el año pasado (un millón 600 mil pesos).

Otra señal de que el recinto estaba en aprietos fue cuando una plaga de termitas, el año pasado, provocó el cierre de una habitación que contenía un esqueleto de dinosaurio de 12 metros de altura. Entonces, los funcionarios recurrieron a la financiación colectiva para juntar el dinero y poder reabrir la sala.

El gobierno de Brasil anunció anoche que comenzó el proceso de reconstrucción del recinto; esto se dio a conocer en una rueda de prensa con los ministros de Educación, Rossieli Soares, y de Cultura, Sergio Sá Leitao. Soares afirmó que la reconstrucción comenzará con la inmediata entrega de 10 millones de reales (unos 2.4 millones de dólares) “para garantizar la estructura física y la seguridad, incluso estructural” del edificio, debido a que Defensa Civil decretó la intervención del inmueble tras una inspección en la que se concluyó que, pese a que la fachada y las paredes externas siguen en pie, los muros internos y los pisos pueden desplomarse.

La siguiente fase de reconstrucción tendrá una inversión de 1.2 millones de dólares para financiar un proyecto ejecutivo, con apoyo de la Unesco. La tercera fase será para montar un nuevo acervo para el museo; el presidente Michel Temer anunció que, para esta tercera fase, convenció a entidades financieras públicas y privadas a que aporten recursos a un fondo y adquirir la nueva colección.