Trump, acero y aluminio entre muchos frentes de batalla

A Trump le gusta el conflicto; él mismo lo ha dicho. Sin embargo, pasado un tiempo del inicio de su gestión, el panorama aparece más que conflictivo, como una serie de frentes de batalla, tanto al interior de EU como afuera. Bajo esa mirada panorámica, México no es sino una pieza más dentro de un gran tablero que vale la pena revisar en su conjunto.

Considere los frentes internos. Más allá de la infinidad de juicios y demandas que está teniendo que litigar la Casa Blanca por varias de sus decisiones, y de los distintos conflictos que el presidente tiene con congresistas, con empresarios, con medios de comunicación, o más allá de los problemas suscitados por las filtraciones acerca de las disputas al interior de su gabinete, corre una profunda investigación que no ha dejado de quitar el sueño a Trump sobre el Russiagate, la posible colusión de su gobierno con funcionarios de ese país, y sobre la posible obstrucción de justicia por parte del propio presidente. Todo esto se suma a los pleitos que a lo largo de este año y medio han ocurrido en la Casa Blanca, lo que acontece de manera paralela a otra serie de choques que EU tiene con otros países y actores internacionales. Enumeramos algunos:

EU-Corea del Norte: independientemente de la cumbre Kim-Trump, la cual finalmente sí ocurrirá, Kim está buscando enviar el mensaje de que no está sentándose a la mesa a raíz de su debilidad o a raíz de la presión, sino a raíz de la fuerza que ha alcanzado. Si Trump lo comprende y lo acepta, es posible que este asunto pueda mostrar avances. De lo contrario, este frente conflictivo de altísimo riesgo seguirá abierto por mucho tiempo.

EU-China: acá, el presidente tiene otro frente abierto que procede del pasado, pero que tiende a crecer en las últimas semanas: la determinación de Washington para contener la expansión china en los mares disputados de Asia. Así, la guerra comercial que se está desencadenando entre esos dos titanes debe verse como un factor añadido, no separado, de la conflictiva y competencia geopolítica Washington-Beijing.

EU-Rusia: al margen de la ambigüedad de Trump en su trato con Moscú, la relación EU-Rusia está en su peor momento desde tiempos de la Guerra Fría, lo que es evidente en un incontable número de escenarios y temas.

Medio Oriente: la Casa Blanca tiene abiertas situaciones conflictivas ocasionadas por choques entre sus aliados, como el de los kurdos y los turcos, o el de Arabia Saudita y Qatar. Adicionalmente, la decisión de Trump de trasladar la embajada estadounidense en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, además de abandonar el acuerdo nuclear con Irán, abre nuevas áreas de conflictos potenciales, no solamente entre Trump y actores como los palestinos o como Teherán, sino también entre Trump y sus propios aliados europeos.

EU-Europa: así, una potencial guerra comercial entre Washington y Europa debe ser evaluada como un factor que se suma al creciente distanciamiento político y diplomático entre estos aliados tradicionales.

Es imposible mencionar acá todos los frentes que Trump ha abierto o en los que está involucrado. Pero el punto es muy básico. Cuando él decide tomar una medida como imponer aranceles a nuestro acero o aluminio, o cuando decide usar la cuestión del muro y la migración, o incluso el TLCAN, como elementos de conversación para sus declaraciones, su cabeza lleva horas, días, meses, lidiando con todas esas zonas de combate en las que se ha convertido su presidencia, de las cuales, por lo que parece, somos vistos como un frente de guerra más, no como aliados.