Turismo y candidatos

En días pasados, en el marco de la 16 edición del Foro Nacional de Turismo realizado en la Ciudad de México, tuvo lugar una pasarela turística de los candidatos presidenciales, lo que, merece una revisión y análisis. Así, sin duda, es de destacar que esta fue una buena oportunidad para conocer de primera mano, la aproximación al tema y las agendas turísticas que se imaginan.

Aunque fueron escuchados con atención, la candidata y el candidato independientes no dejaron mayor huella en el auditorio; por lo que se refiere a los otros tres candidatos —siguiendo el orden en que se presentaron— se puede destacar el nuevo cambio de postura de López Obrador con relación al tema del aeropuerto de la Ciudad de México, pues independientemente de que él prefiere pensar en 2 aeropuertos que, según su dicho, estarían operativos a más tardar a principios de 2020 (lo que, francamente, parece irrealizable), abrió la posibilidad a que, de mantenerse el proyecto actual, éste pueda ser concesionado, lo que siendo una buena opción, no acaba de aclarar cómo se evitaría la corrupción en el proceso de asignación.

Llama la atención su propuesta para hacer un tren en la ruta Cancún-Tulum-Calakmul-Palenque, pues siendo por demás razonable, tener un transporte más eficiente entre los primeros dos puntos que beneficie tanto a turistas como trabajadores, simplemente no se puede imaginar que existan las condiciones de mercado, ni de factibilidad de obra a través de la selva para la segunda (al menos para ser realizada en un sexenio).

En el caso de Ricardo Anaya, además de sus propuestas para diversificar mercados y destinos para fortalecer la conectividad del país y para manejar los recursos de la promoción turística de manera profesional y autónoma, hizo un planteamiento muy atractivo para contar con un mecanismo de apoyo al inversionista —el ombudsman de la inversión—, aunque habría que ver cómo aterrizar la propuesta, superando las inercias y contando con el concurso de los gobiernos locales; por su parte, el candidato José Antonio Meade hizo, también, dos propuestas referidas a la inversión: la reinvención de Fonatur para transformarlo en una agencia de desarrollo y la definición de un banco de proyectos de infraestructura para los destinos, a partir del entendimiento de que no necesariamente el cuello de botella está en la escasez de recursos.

Establecido todo lo anterior, no deja de parecer una disonancia, el posicionamiento de los candidatos y su conexión con las plataformas electorales registradas por los partidos políticos ante el Instituto Nacional Electoral.

En materia turística hay una gran consistencia en las plataformas de los tres partidos políticos que soportan la candidatura presidencial de López Obrador a la Presidencia de la República: en ninguna de las tres aparece la palabra turismo…

Con independencia de cualquier tipo de filia o fobia partidista, se debe reconocer, en contraste con lo anterior, que en el caso de los partidos políticos atrás de la candidatura de Meade, si bien el turismo no es un eje central de las propuestas, sí que las plataformas electorales dedican especial atención a este sector. Ciertamente el Partido Verde no es capaz de reconocer en las 181 páginas que conforman su oferta electoral de manera directa al turismo, como sí lo hace para el caso de los ‘Espacios dignos para los animales en venta’; en contraste, curiosamente, Nueva Alianza considera que en la materia de debe prevenir el daño ambiental; además distingue el papel del turismo como parte del desarrollo. Por su parte, la plataforma del PRI sí dedica un apartado al turismo la que reconoce, entre otras cosas, la necesidad de fortalecer la coordinación entre los tres órdenes de gobierno.

Finalmente, en los partidos que apoyan al candidato Anaya, la plataforma del PRD ignora el tema, la del PAN realiza una tibia referencia y la de Movimiento Ciudadano dedica una sección para enarbolar el fomento al turismo sostenible.

Habría que señalar, por último, que en todas las intervenciones de los candidatos en el Foro Nacional de Turismo, fueron una constante dos temas: la necesidad de realizar una transformación en los esquemas de seguridad para la población y los turistas, y la consideración del turismo como una prioridad para el país. Sobre el primer punto no puede dejar de considerarse que la inseguridad es una bomba de tiempo para el turismo y que la prioridad del turismo debe de transitar del terreno de las palabras al de los hechos.