Una mansión que acoge a mujeres víctimas de violencia

Desde hace 10 años en el distrito de Medina Gounass, del departamento de Guédiawaye, en la región de Dakar, se encuentra la Maison Rose, un lugar donde acogen a mujeres víctimas de violencia física y psicológica y las acompañan en un largo proceso de reintegración social.

La gravedad de sus historias se alivia con los gritos, los llantos y las risas de decenas y decenas de niños, sus hijos.

Fundada por la asociación humanitaria Unies Vers Elles Sénégal, la Maison Rose ocupa las instalaciones del antiguo tribunal municipal de Guédiawaye. Se trata de un lugar bonito y animado, que contrasta con los maltrechos edificios del distrito.

Las oficinas administrativas, el estudio de los psicólogos y las aulas donde los niños siguen actividades recreativas están en la planta baja. Los pisos superiores son para dormitorios, baños, la lavandería y la cocina. Todas las paredes, por supuesto, están pintadas de rosa.

“Nuestros trabajadores -explica la francesa Mona Chasserio, presidenta fundadora de la Maison Rose- pueden pasar incluso meses estudiando el trágico pasado de la chica o mujer a la que están tratando”.

Las mujeres que viven en este centro son todas víctimas de violación, acoso, incesto y, a menudo, se vieron obligadas a prostituirse. Muchas de ellas, especialmente las que fueron forzadas a tener relaciones sexuales incestuosas, recurrieron al aborto utilizando plantas o medicinas.

Una figura fundamental para la identificación de todas estas personas vulnerables es la “badjenou ko”, que en lengua wolof significa “el que encuentra a los niños”.

Las badjenou ko de la Maison Rose, sirviéndose de una red de informantes, se mueven por los barrios más pobres y periféricos de Dakar en busca de niñas y mujeres que necesiten la ayuda de Madame Chasserio y sus asistentes.

Además, la Maison Rose, también conocida como Dar es Salam (Casa de la Paz), inició hace tiempo lo que llama “sistema de esponsorización”.

Una vez que la mujer finaliza su viaje de reintegración, se le encuentra un padrino o madrina que la apoya para entrar en el mundo laboral, una especie de “stage” retribuido que se otorga a personas de confianza.

“La Maison Rose -según la presidenta Chasserio- ofrece cursos breves de formación profesional, por ejemplo, de costura y peluquería, pero nos dimos cuenta de que nuestras chicas centraban todos sus esfuerzos en recaudar el dinero derivado de estas actividades y que descuidaban las sesiones con psicólogos y los estudios”.

“Así que optamos por poner en standby todo lo que tiene que ver con el trabajo para centrarnos en el cuidado y la reintegración total en la sociedad de la persona”, añade.

Madame Chasserio también promovió el lanzamiento de actividades colaterales inéditas y originales para un país como Senegal. La más especial, el circo.

Los voluntarios de Sencirk, la primera y única compañía circense del país, imparten dos horas de clases a la semana en el amplio techo del antiguo tribunal, desde el que se puede observar todo el barrio.

La alumna más prometedora, un verdadero prodigio como malabarista y clown, es Sophie Diatta, de 19 años. Originaria de Ziguinchor, en la región de Casamance, vive desde hace más de cuatro años en la Maison Rose con su pequeño Ismael, a quien tuvo después de una violación.

Se entusiasma con solo escuchar la palabra “circo”: “Cuando hago los ejercicios o un espectáculo con chicos de Sencirk me olvido de todos los problemas, tengo la mente libre, el estrés me abandona completamente. Todos los días me esfuerzo para que el circo se convierta en mi trabajo, este es mi sueño”.

Si Sophie se emociona al hablar sobre el circo, casi se conmueve cuando le preguntan qué representa la Maison Rose para ella.

“Esto no es una casa sino un lugar de renacimiento. ¿Sabes cuando estás en el vientre de tu madre, naces, creces, aprendes a caminar hasta convertirte en un adulto? La Maison Rose para mí es esto. Si veis a alguien sufriendo y lo mandáis aquí, veréis que habrá resultados, palabra”, afirma.