El nombre de su colonia no fue suficiente para darle una razón de vivir. El número del lote donde subsistía era el 7, sinónimo de perfección, de plenitud. Pero en la vida de este hombre nada era así. Todo lo contrario. Y no pudo más. Dejó caer el peso de su cuerpo, cansado de remar contra corriente. Y murió ahorcado.

Fue de noche, como oscura había sido su existencia, que el hombre eligió partir de este mundo. Las tinieblas que antes eran temidas, esta vez fueron su cómplice.

Alrededor de las 20:15 horas, aprovechando la momentánea ausencia de su cónyuge, el hombre tomó una soga, la ató a una viga de su casa y dejó caer su peso corporal. Cuando Elvia, su esposa, llegó a casa se encontró con el macabro cuadro.

Aunque bajó a su esposo cortando el lazo, ya éste se encontraba sin vida.

A la manzana 2 Lote 7 de la colonia Ampliación Nueva Jerusalén, acudieron policías para confirmar el deceso. Finalmente llegó el perito de la Procuraduría General de Justicia del Estado.

El cadáver debía ser llevado al Semefo para la necropsia de rigor y así se hizo.

Qué motivos pudo tener el hombre para acabar con su vida, no se supo, ni Elvia sabe. Pudo ser la crisis económica o una fuerte depresión por la falta de oportunidades. Lo cierto es que el nombre de Jerusalén, Tierra Santa, no fue suficiente para que el hombre se aferrara a la vida.