Chiapaneco obtiene el Premio Perla Szuchmacher
El reconocimiento será entregado a Luis Antonio Rincón García el viernes 4 de octubre a las 18:30 horas en el teatro Isauro Martínez, en Torreón, Coahuila. Cortesía

“Espero que pronto sea publicada y además que sea llevada a escena, y espero que ocurra en Chiapas. Porque aquí nació la historia”, son algunas declaraciones que Luis Antonio Rincón García hizo luego de haber obtenido el Premio Perla Szuchmacher 2019 con su obra Tras la pista de Azul.

El narrador y dramaturgo charló con Cuarto Poder sobre cómo nació la idea de escribir una historia de alto contenido social que narra el secuestro de una niña, y también habló de su deseo de que la trama llevada a escena en el futuro.

Luis Antonio Rincón García es un escritor chiapaneco que ha sido merecedor del Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano en el 2009, Premio Internacional de Narrativa Infantil y Juvenil Invenciones 2014 y Premio de Cuento Porrúa 2014.

Cuéntanos cómo nace la idea de crear esta obra que es merecedora del Premio Perla Szuchmacher 2019

Nace muchos años atrás, cuando yo era un niño y comenzaba a ir a la Escuela de Música del Estado, acá en Tuxtla Gutiérrez. En aquel entonces la ciudad era muy tranquila y yo caminaba de la escuela a la casa aunque fuera de noche. Sin embargo, una vez que llegué a casa, escuché en las noticias que un par de personas habían intentado llevarse a una niña de la escuela. Yo la conocía y, aunque esa ocasión no ocurrió nada, desde aquel entonces me pregunté muchas veces qué habría ocurrido si ella no hubiera tenido la fortaleza de negarse a irse con los potenciales captores —quienes huyeron porque algunos adultos se acercaron a ver qué pasaba—.

Digamos que ese fue el germen de la historia. La cual, de pronto, hace pocos años rescaté entre las nubes de la memoria, le estuve dando vueltas mucho tiempo, hasta que por fin le di forma.

¿Cómo te enteraste de esta convocatoria?

Los Premios Bellas Artes de Literatura se convocan anualmente desde mediados del siglo pasado. Lo que no se sabe es cuándo se abrirán las convocatorias. Sin embargo, a partir de marzo o abril ya tenía terminada la obra y estuve pendiente a las redes sociales para confirmar los requisitos y enviar mi escrito.

¿Cuál fue la idea de querer representar, mediante tu obra, la narración del secuestro de una niña?

Desafortunadamente los actos violentos están ocurriendo en nuestro país. Quisiéramos que no pasaran, que no sucedieran, pero ahí están. Y son hechos que deben abordarse, que deben ser contados a los niños, que de cualquier manera saben de ellos: los ven en la tele, los escuchan en la radio o en las charlas de los adultos. Entonces, bajo esa perspectiva, decido escribir una historia que pudiera ser representada, y en la que a través de los diálogos y de ciertas acciones podamos atisbar un poco en las emociones y sentimientos que tiene quien vive una situación tan violenta como esa.

De acuerdo con el acta, tu obra fue premiada “por su estructura, su tema de alto contenido social, así como por el tratamiento directo de las situaciones dramáticas”. ¿Qué opinas al respecto?

La estructura en especial es un tema que trabajé bastante. Cada acto se divide en dos partes, y aunque corresponde a historias en apariencia distintas, se comunican entre ellas. Le dan sentido una a la otra, o sirve de sostén para el personaje principal. Esto implicó un trabajo detallado y de revisión, para que no se prestara a confusiones o malos entendidos en, por ejemplo, un lector o un espectador distraído.

El contenido social es evidente. Un secuestro no solo afecta al secuestrado y a su familia. Toca a muchos, daña a la sociedad entera, y ahí trato de reflejar ese impacto doloroso. Que no debería ocurrir.

Las situaciones definitivamente se narran de manera directa. En una versión anterior, puedo decir que “me tembló la mano” para contar algunas partes o poner algunas palabras en voz de los personajes. Sin embargo, yo mismo me di cuenta de que la historia no cuajaba y le pedí a Priscila Morales López que le echara un ojo, que me ayudara a encontrar los elementos débiles. Su asesoría me resultó fundamental, y una de las cosas que me sugirió, que me pidió, fue que nombrara a las cosas, que no me apoyara en eufemismos ni en martingalas verbales. Tomé en cuenta sus comentarios, los cuales en definitiva se vieron reflejados en el escrito.

¿Cómo es la manera en que tratas de abordar un tema tan fuerte como el secuestro?

Es un proceso lento, que vas hilvanando y deshilvanando muchas veces hasta encontrar el camino adecuado. No creo que haya un método o una estrategia específica para abordar en la literatura infantil y juvenil un tema como este. Entra la intuición, en tanteo, el pensar en la mente pero también en el corazón de la niñez. Es también no tenerle miedo a los temas. Hay que entrarles, hay que abordarlos. Y hay que tener paciencia. Por qué digo esto último: para que esta historia quedara lista, desde el primer borrador hasta este momento final, pasaron tres años. Con periodos de meses en que la obra reposaba y la volvía a retomar. No fue algo que salió a la primera.

¿Es la primera vez que escribes una obra de teatro?

He escrito varias obras de teatro guiñol. Entre ellas, varias con temas ambientalistas y también con temas relacionados con la salud. Aunque en ellas había actores humanos, estaban pensadas principalmente para que se actuara con muñecos. Esta es la primera obra que escribo pensando en actores humanos.

¿Cómo fue que decidiste dar ese salto, ya que has trabajado en obras de narrativa?

Hace unos diez años me pidieron que escribiera mis primeras obras de teatro guiñol. Para ese entonces, tanto por la formación universitaria —soy comunicólogo— como por necesidades profesionales, ya había escrito guiones televisivos y radiofónicos. Con esa experiencia a cuestas, más un poco de investigación, un mucho de atrevimiento y también imaginación, escribí la primera obra, que gustó mucho.

Ahora, en este momento de mi carrera, no diría que se da un salto tal cual, sobre todo si consideramos que he escrito unas 8 o 10 obras cortas de teatro guiñol, más de 600 guiones para televisión —de distintos formatos—, radionovelas, más de 200 columnas para prensa, novelas, cuentos, etcétera. Quiero decir, tal vez pueda considerarse que hay cierto atrevimiento porque no tengo una formación específica como dramaturgo, en cambio, me apoyé en los años de oficio como escritor.

¿Por qué tocar, a través de la literatura, estos temas de alto contenido social?

Quizá sea una necesidad íntima de contar lo que ocurre, de invitar a la reflexión a través de diálogos y representaciones. De invitar, incluso, a ver con descaro lo que ocurre delante de nosotros. Pero no siempre es la motivación principal. Y no lo es en Tras la pista de Azul. Ahí simplemente había una historia que quería contar, y lo hice poniendo lo mejor de mí, intentando mover las emociones del público. Sin embargo, insisto, no fue pensando en el contenido social. No la escribí con esa intención en mente.

¿Ya hay acercamientos para poder publicar esta obra?

No estoy seguro. Se supone que hay una convocatoria para la publicación de la misma, la cual sale junto con la convocatoria de los Premios Bellas Artes de Literatura. Sin embargo, aún no sé qué pasó con esos resultados. Supongo que en las próximas semanas veré ese punto con el INBA y con la Secretaría de Cultura de Coahuila, con quienes ya tuve algunas conversaciones. Sin embargo, no hemos llegado a ese tema específico.

¿Quisieras que con el paso del tiempo tu obra sea llevada a escena?

Claro, sería genial. Espero que ocurra pronto. Y me encantaría que ocurriera en Chiapas. Por cierto, la historia está ambientada en Chiapa de Corzo.