Ricardo Chávez explora orígenes del feminicidio
El autor escribió la historia en poco tiempo porque quería “sacar ese demonio que llevaba”. Cortesía

México debería llamarse “el país de la mujer por morir”, afirma tajante el escritor Ricardo Chávez Castañeda (1961), quien acaba de publicar No, una historia de autoficción, pues el asesinato que se narra fue cometido contra una mujer de su familia.

“La novela muestra cómo hemos creado entre todos un México dedicado a perder. No hablo de una pérdida económica sino de una peor, la de nuestras mujeres. Nosotros estamos haciendo que se pierdan”, señala en entrevista con Excélsior.

“Deberíamos voltear más al espejo y preguntarnos qué está pasando. El libro busca llevarnos ante un espejo. No tenemos que pensarnos con el pronombre singular, sino con el plural”, agrega el narrador identificado con el grupo literario del Crack.

El también ensayista agrega que esta novela, publicada por el Fondo de Cultura Económica, no es cualquier historia, pues intenta explorar uno de los orígenes de los feminicidios en el país. La muerte de la chica ocurrió en 1980 y la cargó durante 40 años, dice, hasta que logró darle forma literaria.

“Es una historia real, más que literatura. Todo el tiempo lo digo, un querer ir más allá de las palabras. Ojalá haya podido decir al menos una palabra que alguien retome para cambiar y darle un giro al mundo”, añade.

Chávez Castañeda piensa que, ante los asesinatos de las mujeres, “hay dos lugares terribles a los que podemos llegar, uno es la indiferencia y el otro es la normalización. Uno está aparejado al otro. La normalización te va volviendo indiferente y viceversa”.

Asimismo, señala que “necesitamos un sacudimiento. Sigo creyendo en la palabra, en que el arte puede ofrecer esa posibilidad. Ojalá que este libro les abriera los ojos a algunos hombres, que empezara a hacer ese giro pequeño, que fuera una buena enfermedad de conciencia que se expanda entre nosotros”.

La trama se desarrolla en el Estado de México y evoca a la leyenda de la combi blanca. “No la había escrito por respeto a mi familia y porque no quería hacer sólo un recuento de los hechos, una crónica. Hasta que descubro una manera distinta de contarla es que me atrevo a romper el secreto familiar. Pensé que el mal de la familia era menor que el mal de todo un país. Intentaba sumar una voz a las airadas que se han alzado”, indicó.

El también autor de libros para niños admite que No es un parteaguas en su obra. “Siempre escribía una poética de la ficción, lo inventaba todo. Y esto es lo contrario, es escribir basado en hechos reales. Fue mi primera vez. Creo que alcancé sencillez y fluidez sin sacrificar la complejidad, que es lo que los escritores buscamos”, afirmó.

Dice que eligió el método de la autoficción porque esta tiene una creencia que va más allá de la memoria, la autobiografía, de lo confesional. “Los géneros de la memoria creen que basta con decir lo que sabes y la autoficción piensa que si escribes sobre lo que sabes llegarás a lo que no sabes. Esa es la gran diferencia. Escribir para llegar a una revelación. La verdad va más allá de los hechos, los objetos y los testimonios para arribar a un lugar distinto”, abundó.

El catedrático del Middlebury College, en Estados Unidos, señala que espera que este libro no se deje categorizar. “Por supuesto que una novela negra podría ser lo más cercano, porque, a diferencia de la policiaca, buscar mostrar la podredumbre. No demuestra más que hay un mal debajo de cada capa de cebolla. Se queda al nivel de denuncia y complejidad. Yo la llamaría novela-sacrificio, donde debes dar una parte grande de ti para llegar a la verdad”, refirió.

Tras realizar una amplia investigación, documentarse, entrevistar a testigos e ir al lugar de los hechos, Ricardo Chávez ha llegado a la conclusión de que los hombres son el mal: “Este sale de nosotros. Si cada hombre se cuidara de no actuar mal se solucionarían muchos problemas”.

Añade que escribió en cuatro meses este libro lleno de revelaciones, de confesiones, pues “necesitaba hacerlo rápido. Es como si estuviera endemoniado y quisiera sacar a ese demonio del cuerpo. Llevaba 40 años conmigo. Ahora siento que regreso esta historia al mundo para que no se nos olvide que nosotros la propiciamos”.

Dice que cada hombre “tendría que ser responsable de ver los orígenes de ciertas cosas, de hacer el ejercicio de extraer verdades necesarias. En cuanto a mi familia, apenas se va a enterar. No podía dejar que me negaran la posibilidad de escribir esta historia”.