Conocimiento más allá de los laboratorios

Se está viviendo un momento crítico en la historia de la civilización. La crisis climática y los impactos del Antropoceno son el origen de una serie de consecuencias a las que irremediablemente se tendrá que encarar ya sea mitigándolas o adaptándonse a ellas.

México tiene una población de 126.7 millones de habitantes y cerca de 30 millones cursan la educación básica y media superior. Pero un gran número de alumnos no están aprendiendo lo suficiente para prepararse para los retos de una sociedad a la que le urgen soluciones. Un asunto complejo que tiene muchas y muy diversas aristas por las que cruza, sin duda, el acceso universal al conocimiento.

La institución responsable de la generación y promoción del conocimiento científico en el país: el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el cual ha establecido una nueva visión más humanista ha realizado acciones plausibles; del Conacyt cabe destacar en primer lugar los esfuerzos por impulsar el acceso universal al conocimiento como un derecho humano. Esto es, poner a disposición del público los resultados de las investigaciones actuales y establecer espacios que fomenten el reconocimiento de la diversidad de saberes que dan sustento y forma a la riqueza biocultural de México.

Sin duda, la propuesta es que se debe de trabajar en una horizontalidad sociedad-científicos y no continuar con los modelos verticales en donde el científico es poseedor de la verdad absoluta.

Lo anterior puede resultar sencillo y coherente para algunos, pero no ha sido muy bien aceptado por todos. Pero no hay que olvidar que la historia ha mostrado el poder del conocimiento que los mayas poseían del cosmos, de las matemáticas y de la astronomía, antes de la existencia de un método científico. Por lo que resulta coherente pensar que algunas soluciones a los múltiples problemas ambientales, podrían encontrarse en la sociedad no científica.

En México, quienes marcan la pauta de la investigación científica eran los investigadores que pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), un sistema que nació hace 40 años. Ahora se propuso y aprobó la refundación del Sistema. En la nueva visión, difundir el conocimiento es considerado un parámetro medular para formar parte de este organismo.

De acuerdo con datos del gobierno de México, el 70% de los territorios indígenas coinciden en zonas importantes para la conservación.

Es allí donde se deben articular los objetivos que persigue el acceso universal al conocimiento, no solo como un activo presente en libros y conferencias sino como un instrumento que promueva las estrategias necesarias para que la población se empodere con ese conocimiento y, sobre todo, pueda llevarlo a la práctica, local y regionalmente.

Toca a los científicos salir de las aulas y los laboratorios para entregar el conocimiento a la gente y también conciliar con los saberes tradicionales e incorporarlos como parte de una cultura de resistencia y adaptación que urge comenzar a consolidar.