A partir del 1 de junio, México entró a una nueva etapa en la forma de afrontar la pandemia del Covid-19. Bajo el planteamiento de “la nueva normalidad” se ha dado inicio a una estrategia que establece la reapertura de las actividades de manera gradual, ordenada y cauta.

Sin embargo, este nuevo esquema para reanudar las actividades laborales ha comenzado con más incertidumbre que claridad y eficiencia, además de que en pocos días ha demostrado una mala y sumamente peligrosa planeación.

Tales infortunios obedecen al cuestionable manejo que ha adoptado el gobierno federal, dando entrada a un cambio de paradigma de regulación sanitaria sin contar con el número real de muertes y contagios, que ha sido evidenciado por diversas entidades. Así como la falta de estudios de factibilidad sobre las medidas que se deben aplicar.

México, es el único país que con tendencia de contagios al alza, decidió regresar a las actividades, decisión que en pocos días está cobrando más vidas. Muestra de ello es que en el segundo día de “la nueva normalidad”, nuestro país llegó a un récord de contagios del virus con 3,891 casos en un solo día.

Es evidente, que el gobierno federal no ha realizado los esfuerzos suficientes para mitigar la propagación del virus, y más grave aún nos ha engañado con cifras poco claras, al tiempo de defender posturas confusas y no apegadas a la realidad; dejando ahora a los gobiernos de las entidades federativas gran parte de la responsabilidad sin brindarles las herramientas necesarias para hacer frente a la crisis sanitaria y económica que ya se ha sentir en diferentes latitudes.

Cierto es que el éxito del regreso a una nueva normalidad es responsabilidad de todos, pero también lo es que debe estar definido y acompañado de una oportuna claridad en el panorama de contagios y muertes, así como la certeza, contundencia y eficiencia en las medidas que se pongan en marcha, pues con la vida de los mexicanos no se juega.

Para ello, en un contexto donde prácticamente todo el país se encuentra en riesgo máximo, es indispensable manejar el retorno a las actividades bajo la inamovible base de salvaguardar la salud de los mexicanos; además de implementar estrategias contundentes que tomen como base los casos exitosos de otros países. Como lo es la realización masiva de pruebas de detección. Cabe señalar que de acuerdo con la OCDE, México es el país integrante que aplica la menor cantidad de test por cada 1000 habitantes, con tan solo 0.4. 

Ante la ausencia de una dirección pertinente y visionaria, es fundamental continuar con las medidas de prevención y no escatimar esfuerzos ante la problemática sanitaria que se vive. Incluso la UNAM ha hecho un llamado a la población mexicana sobre la importancia de mantener el confinamiento voluntario al menos dos semanas más y salir sólo a lo indispensable.

También es de gran importancia, difundir y conocer las guías emitidas por las autoridades, respecto a la nueva dinámica que debemos seguir, respecto a las medidas de distanciamiento y flujos de negocios, transporte público, escalonamiento laboral, reporte de síntomas y casos positivos, para entender el semáforo epidemiológico, así como para acceder a los apoyos sociales, entre otras.

Sin duda alguna, urge que nuestro gobierno se sensibilice y busque alternativas efectivas tanto en materia sanitaria como contra las decadencias que ha sufrido nuestra economía, con miles de pérdidas de empleos cada día. Si bien es cierto que nos urge la reactivación económica, también lo es que no debe ser improvisada ni conducida de forma irresponsable, ni poner en riesgo la vida de las personas; por ello que a grandes males, grandes soluciones, exigimos no más ocurrencias.