Academia y tradición cerámica, unidas por fuego

La civilización temprana descubrió en el barro un gran medio para múltiples usos. Por evolución técnica o por accidente, el hombre antiguo descubrió que el fuego era un catalizador que aumentaba su dureza, resistencia y durabilidad. Literalmente, el hombre unió la tierra y el fuego para generar un medio que acompañaría en adelante a casi todas las sociedades humanas: la cerámica. Amatenango del Valle, poblado del municipio de Teopisca, ocupa sin duda un lugar de honor en la tradición cerámica utilitaria y de ornato en Chiapas. Es casi imposible resistirse a sus jaguares, palomas y maceteros alineados por miles a la orilla de la carretera entre San Cristóbal y Comitán. Ceramistas, artistas y académicos de otras latitudes, replicaron las migraciones precolombinas y han llegado desde hace un par de semanas a Amatenango; traen consigo una nueva forma de usar el fuego. Un modo más seguro, eficiente y de mayor respeto por la vida de las familias artesanas y del entorno que habitan. Desde Tapalpa, Jalisco, la Escuel