"Ya es que comenzaron estos cuates a fastidiar", dice un automovilista. Otros creen que ya es diciembre y que son peregrinos rumbo a la basílica de Guadalupe. Los devotos católicos avanzan ajenos los comentarios a favor o en contra. Salieron de la Patria Nueva y van al ejido Francisco I. Madero. No llevan ropa de manta, ni antorchas, ni huaraches, pero sí pañuelos rojos en la cabeza, una imagen de la virgen María y entonan cánticos mientras avanzan. Esta vez no recorren la Avenida Central de Tuxtla Gutiérrez, sino el bulevar Andrés Serra Rojas. Es que no van a la la Iglesia de Guadalupe en la 7a Poniente, sino a la parroquia del ejido Francisco I Madero. Un equipo de voluntarios de la Comisión Nacional de Emergencia los escolta, en la vanguardia y retaguardia. También ellos portan sus pañuelos rojos, además de sus uniformes y sus banderas fosforescentes. Los pasos son firmes. Seguros. Saben de dónde vienen y a dónde van. Y cantan, tímidamente, dirigidos por un hombre que lleva el micrófono en mano, pero el
Cambian de sede a imagen religiosa
"Ya es que comenzaron estos cuates a fastidiar", dice un automovilista. Otros creen que ya es diciembre y que son peregrinos rumbo a la basílica de Guadalupe. Los devotos católicos avanzan ajenos los comentarios a favor o en contra. Salieron de la Patria Nueva y van al ejido Francisco I. Madero. No llevan ropa de manta, ni antorchas, ni huaraches, pero sí pañuelos rojos en la cabeza, una imagen de la virgen María y entonan cánticos mientras avanzan. Esta vez no recorren la Avenida Central de Tuxtla Gutiérrez, sino el bulevar Andrés Serra Rojas. Es que no van a la la Iglesia de Guadalupe en la 7a Poniente, sino a la parroquia del ejido Francisco I Madero. Un equipo de voluntarios de la Comisión Nacional de Emergencia los escolta, en la vanguardia y retaguardia. También ellos portan sus pañuelos rojos, además de sus uniformes y sus banderas fosforescentes. Los pasos son firmes. Seguros. Saben de dónde vienen y a dónde van. Y cantan, tímidamente, dirigidos por un hombre que lleva el micrófono en mano, pero el