Continúan desterradas más de 150 familias

Buscar a las familias desplazadas por presuntos grupos paramilitares de Chenalhó, es iniciar un viaje que nos lleva a una realidad que pareciera ser ajena a nuestro tiempo y a nuestra geografía. Algunos kilómetros antes de llegar a Acteal -otra de las deudas pendientes con los pueblos originarios-, está un pequeño desvío de terracería, hacia la izquierda de la carretera. Ahí empieza la repetición de los escenarios y clima social que en 1997 derivó en la matanza de 45 víctimas, la mayoría niños y mujeres. Por desgracia, nuestra memoria, como nuestros pasos, parecen no alcanzar a estas comunidades de Los Altos de Chiapas. En ambos lados de la carretera, un par de casas están baleadas, saqueadas e incendiadas. Puertas y ventanas arrancadas, y sobre el piso, cuadernos, útiles escolares, calendarios, y lo que alguna vez fueron adornos de las paredes. Camino adentro, a poco más de un kilómetro de terracería y brecha, está el campamento de Akalumtik, en Chalchihuitán. La vida cotidiana aquí es tan inhumana como lo