¡Del olvido a la prosperidad!

El olvido no ha sido ausencia de memoria. Fue la construcción del silencio y una forma de exclusión que hizo invisibles a quienes siempre estuvieron aquí. Es el espíritu del viejo régimen colonial que persistió tratando a los pueblos originarios como si no existieran durante más de 500 años. El olvido histórico de nuestros pueblos significó que los programas no llegaran, que los caminos estuvieran destruidos o en mal estado, que las escuelas no fueran dignas, que la salud, el agua, la luz y los servicios esenciales se quedaran lejos de la vida comunitaria. Esa condición se trató durante décadas como si fuera natural, como si no hubiera nada más que hacer, y así se condenó a generaciones enteras a las mismas carencias de sus antepasados. Significó negarle al pueblo la posibilidad de un mejor horizonte. Reconocer el olvido, primer acto de justicia Del olvido a la prosperidad es el compromiso de nuestro gobierno humanista: que la dignidad de las personas sea respetada, que la salud llegue con mejores espacios y