Con delicadeza traza sus dibujos sobre el blanco lienzo, para después adornarlos de colores. En las paredes de su sala cuelgan los cuadros que ha realizado, y ni siquiera el Parkinson que le detectaron evitó que don Pedro Montesinos disfrute, a sus 81 años, de pintar y realizar sus manualidades de papel y madera. Durante muchos años se dedicó al oficio de electricista, sin embargo, con el paso del tiempo, decidió dejarlo para dedicarse al completo cuidado y convivencia de su esposa, sus dos hijas y nietos. "Para ocupar mi tiempo libre, mis hijas me conectaron con unas maestras de pintura y en vez de perder mi tiempo mejor aprendo a pintar, así no estoy aburrido y me mantengo ocupado", señala con orgullo en su rostro. Disfruta pintar personajes de Disney, siendo su favorito el elefante "Dumbo". También es fanático de grandes pintores como Da Vinci, Van Gogh y Miguel Ángel; confiesa que a veces trata de imitar sus estilos, pues admira mucho las pinturas que dejaron marcadas para la humanidad. La muerte de su e
Don Pedro: la pintura se volvió su compañera
Con delicadeza traza sus dibujos sobre el blanco lienzo, para después adornarlos de colores. En las paredes de su sala cuelgan los cuadros que ha realizado, y ni siquiera el Parkinson que le detectaron evitó que don Pedro Montesinos disfrute, a sus 81 años, de pintar y realizar sus manualidades de papel y madera. Durante muchos años se dedicó al oficio de electricista, sin embargo, con el paso del tiempo, decidió dejarlo para dedicarse al completo cuidado y convivencia de su esposa, sus dos hijas y nietos. "Para ocupar mi tiempo libre, mis hijas me conectaron con unas maestras de pintura y en vez de perder mi tiempo mejor aprendo a pintar, así no estoy aburrido y me mantengo ocupado", señala con orgullo en su rostro. Disfruta pintar personajes de Disney, siendo su favorito el elefante "Dumbo". También es fanático de grandes pintores como Da Vinci, Van Gogh y Miguel Ángel; confiesa que a veces trata de imitar sus estilos, pues admira mucho las pinturas que dejaron marcadas para la humanidad. La muerte de su e