El Papa que quiere cambiar el mundo

El jesuita Jorge Mario Bergoglio, de 76 años, arzobispo de Buenos Aires, es el primer papa americano. Se trata de una figura destacada de todo el continente y un pastor sencillo y muy querido en su Diócesis, que ha visitado a lo ancho y a lo largo, incluso trasladándose en medios de transporte público en los quince años de su ministerio episcopal. "Mi gente es pobre y yo soy uno de ellos", ha dicho más de una vez para explicar la opción de vivir en un apartamento y de prepararse la cena él mismo. A sus sacerdotes siempre les ha recomendado misericordia, valentía apostólica y puertas abiertas a todos. Lo peor que puede suceder en la Iglesia, explica en innumerables veces el papa "es aquello que De Lubac llama mundanidad espiritual", que significa "ponerse a sí mismo en el centro". Y cuando cita la justicia social, invita en primer lugar a volver a tomar el catecismo, a redescubrir los diez mandamientos y las bienaventuranzas. Su proyecto es sencillo: si se sigue a Cristo, se comprende que pisotear la dignida