Cuando en 2002 fue a parar a la cárcel por asesinar "en defensa propia" a su ex suegro que abusó de ella, Juana nunca pensó que la prisión sería en buena medida la escuela que su padre le negó por ser mujer indígena. "Dicen que en la cárcel solo se aprenden cosas malas y la gente se echa a perder, pero yo aprendí a defenderme, a hablar español, a leer, a escribir, a trabajar, a cocinar y sobre todo, que tengo derechos aunque sea una mujer indígena y que merezco respeto", dijo Juana, tseltal de 44 años de edad, quien pasó más de 11 años en prisión. Originaria del ejido Santa Elena, municipio de Ocosingo, Juana es el retrato de la gran mayoría de mujeres indígenas: Se casó a los 13 años de edad porque "así es la costumbre" y no protestaba cuando su marido le pegaba o la maltrataba, pues en las comunidades "vivimos con los ojos cerrados". En entrevista, Juana contó que con Miguel, su primer marido, con quien tuvo tres hijos, "sufrí mucho porque me golpeaba y maltrataba, pero antes no sabíamos defendernos, no com
La cárcel le brindó la oportunidad de superarse
Cuando en 2002 fue a parar a la cárcel por asesinar "en defensa propia" a su ex suegro que abusó de ella, Juana nunca pensó que la prisión sería en buena medida la escuela que su padre le negó por ser mujer indígena. "Dicen que en la cárcel solo se aprenden cosas malas y la gente se echa a perder, pero yo aprendí a defenderme, a hablar español, a leer, a escribir, a trabajar, a cocinar y sobre todo, que tengo derechos aunque sea una mujer indígena y que merezco respeto", dijo Juana, tseltal de 44 años de edad, quien pasó más de 11 años en prisión. Originaria del ejido Santa Elena, municipio de Ocosingo, Juana es el retrato de la gran mayoría de mujeres indígenas: Se casó a los 13 años de edad porque "así es la costumbre" y no protestaba cuando su marido le pegaba o la maltrataba, pues en las comunidades "vivimos con los ojos cerrados". En entrevista, Juana contó que con Miguel, su primer marido, con quien tuvo tres hijos, "sufrí mucho porque me golpeaba y maltrataba, pero antes no sabíamos defendernos, no com