El aire en la plaza del Parachico huele a puerco con arroz y a fiesta. La ciudad colonial de Chiapa de Corzo vibra con una de sus tradiciones más profundas, la celebración al señor de Esquipulas, junto a San Antonio Abad, y San Sebastián, esta imagen completa la trinidad de devoción que define el fervor chiapacorceño en la Fiesta de Enero. Las calles, normalmente serenas, se han transformado en un río de color y sonido, inundadas por un mar de monteras, el repicar de los chinchines y la música de banda que resuena desde cada esquina. Figura En el corazón de la festividad se encuentra la figura del patrón de los parachicos, don Rubisel Nigenda, quien guía el recorrido ritual. La segunda parte de la jornada inicia en la plaza del parachico, donde tras la primera parte del trayecto, se reparte la comida a los danzantes, un acto de comunidad que fortalece el espíritu y la energía para la danza. La misión va más allá del baile. El recorrido es una peregrinación que visita las casas donde habitan santos. Allí, ante
La ciudad se engalana para el señor de Esquipulas
El aire en la plaza del Parachico huele a puerco con arroz y a fiesta. La ciudad colonial de Chiapa de Corzo vibra con una de sus tradiciones más profundas, la celebración al señor de Esquipulas, junto a San Antonio Abad, y San Sebastián, esta imagen completa la trinidad de devoción que define el fervor chiapacorceño en la Fiesta de Enero. Las calles, normalmente serenas, se han transformado en un río de color y sonido, inundadas por un mar de monteras, el repicar de los chinchines y la música de banda que resuena desde cada esquina. Figura En el corazón de la festividad se encuentra la figura del patrón de los parachicos, don Rubisel Nigenda, quien guía el recorrido ritual. La segunda parte de la jornada inicia en la plaza del parachico, donde tras la primera parte del trayecto, se reparte la comida a los danzantes, un acto de comunidad que fortalece el espíritu y la energía para la danza. La misión va más allá del baile. El recorrido es una peregrinación que visita las casas donde habitan santos. Allí, ante