La hora más oscura de Chapultepec

El 12 de septiembre de 1847, el cerro de Chapultepec recibió intenso fuego desde las cinco de la mañana, las baterías estadounidenses del general Winfield Scott no cesaron de bombardear el castillo. En la fortaleza, el general Nicolás Bravo veía cómo sus hombres se desmoronaban; esa noche se reunió con Santa Anna y le confesó el miedo de las tropas. Santa Anna prometió que si al amanecer, el enemigo atacaba, enviaría refuerzos. El 13 de septiembre, a las seis de la mañana, Bravo dio la orden de que los cadetes del Colegio Militar abandonaran el castillo. La mitad, medio centenar de jóvenes, decidió quedarse. No eran niños, como después se encargó de decir la leyenda. Eran adolescentes de entre 14 y 20 años, y eligieron morir. Media hora después, llegó el refuerzo que Santa Anna había prometido. El Batallón de San Blas, 400 hombres comandados por el teniente coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, subió a toda velocidad por la ladera del cerro. A los hombres San Blas, Santa Anna los distinguía por “el brío que a