Los olvidados que yacen en el Panteón

Apenas los separa unos centímetros de distancia, pero hay un abismo de diferencia, sin embargo, los cuerpos de ambos corrieron la misma suerte. Pero unos yacen en tumbas lujosas, visitadas y adornadas. Los otros, en fosas comunes, anónimos y olvidados. Ya no lloran por el ser querido que partió. Ahora ríen y comen. La tumba finamente adornada, es usada como mesa de centro. Muchas flores, el retrato y una veladora indican presencia de los seres amados. Un niño aún conserva la máscara con que pidió calabacita la noche del lunes y despierta risas entre los visitantes al panteón. Algunos comienzan a retirarse. Ya son más de las 2 de la tarde; el cielo se nubla y amenaza con llover. Mientras cientos salen, dos entran. Una es una mujer de avanzada edad. La otra, una jovencita de ojos verdes. Decenas de comerciantes compiten por el dinero de los visitantes, ofertan sus productos hasta a la mitad de lo que pedían en la mañana. Un hombre se desgañita ofreciendo comida y cerveza. "A beneficio de la parroquia, celebremo