Con manos y pies cubiertos de barro nos recibe doña Josefa Champo, alfarera del municipio de Suchiapa que ha dedicado gran parte de su vida a la elaboración de pichanchas. Por más de 50 años ha elaborado estas típicas ollas en ese municipio zoque, además de macetas y otras vasijas que son vendidas en mercados públicos de la capital del estado. Desde las primeras horas del día, doña Josefa y hija María Concepción empiezan a darle forma al barro que traen desde un lugar del que omitió dar su ubicación, pues nos dice que es un secreto resguardado de generación tras generación. Con mirada seria y tímida, la maestra alfarera nos comenta que para emblandecer el barro son indispensables los píes, mientras que las manos permiten darle forma a cada pieza, que posteriormente dejan secar al sol. La elaboración de estas ollas ha permitido sostener el negocio familiar de doña Josefa y de muchas personas más en Suchiapa, un municipio que busca preservar sus costumbres y tradiciones.
Medio siglo dedicada a la alfarería
Con manos y pies cubiertos de barro nos recibe doña Josefa Champo, alfarera del municipio de Suchiapa que ha dedicado gran parte de su vida a la elaboración de pichanchas. Por más de 50 años ha elaborado estas típicas ollas en ese municipio zoque, además de macetas y otras vasijas que son vendidas en mercados públicos de la capital del estado. Desde las primeras horas del día, doña Josefa y hija María Concepción empiezan a darle forma al barro que traen desde un lugar del que omitió dar su ubicación, pues nos dice que es un secreto resguardado de generación tras generación. Con mirada seria y tímida, la maestra alfarera nos comenta que para emblandecer el barro son indispensables los píes, mientras que las manos permiten darle forma a cada pieza, que posteriormente dejan secar al sol. La elaboración de estas ollas ha permitido sostener el negocio familiar de doña Josefa y de muchas personas más en Suchiapa, un municipio que busca preservar sus costumbres y tradiciones.