Migrantes: entre el repudio y el sueño frustrado

El sol abrasador invade las calles de Tuxtla y siento sus húmedos 36 grados centígrados en el sudor de mi rostro. El asfalto y el aire caliente simulan al infierno; el verano llegó a la capital de Chiapas. Me dirijo al sur oriente de la ciudad, específicamente al restaurante Yang, que ofrece “un poco de Venezuela en tu paladar”, o eso anuncia su menú. El local tiene aire acondicionado, mesas pequeñas, una barra y comensales con acentos conocidos y extraños a la vez. En la cocina el calor se vuelve más intenso; venezolanos, cubanos y mexicanos construyen un ecosistema culinario digno de una ciudad fronteriza. Ender ya me espera; tenemos una entrevista pendiente. “Viajamos siete países