Migrar en fin de año

En la entrada de un Burger King, sitio rebasado de personas y de basura por el despilfarro decembrino, está sentada Katrina con su hija en brazos. A un costado, su esposo pide unas monedas entre el tumulto de personas que se mueven de un comercio a otro.  En los ojos de Katrina se refleja una fiesta a la que muchos migrantes no fueron invitados. Son los últimos días de 2022, ella y su familia recién llegaron de Tapachula y el poco dinero que traían lo usaron para resguardarse de las bajas temperaturas.  Katrina tiene 36 años, es enfermera de profesión, originaria de Venezuela. Hace tres años conoció a William Gómez, un desplazado sirio; se enamoraron y más tarde concibieron a una niña de nombre Hasrep. En junio de este 2022 tomaron la decisión de salir de Venezuela para mejorar la vida de su hija que aún tenía seis meses de vida. “La situación económica de Venezuela es caótica en todos los sentidos, no hay estabilidad”, sostiene.  Algo profundamente melancólico transformó el rostro de Katrina al recordar los