Mira hacia arriba para no caer

Al no tener una carrera profesional aprendió el oficio de albañil. Le da para comer y algo más, pero es un trabajo en el que a veces su vida pende de un hilo, literalmente. Lo primero que aprende un albañil o peón es armar muy bien su andamio sobre el cual se apoya para repellar paredes y techos. José lo sabe armar muy bien. Pero en alturas como la que le tocó esta vez el andamio no sirve de nada. Y su vida pende de un hilo. La tabla sobre la que pisa cuelga de dos sogas, a más de 12 metros del suelo. Una caída sería mortal. Y si repellar pisado en suelo firme es difícil, ni qué decir cuando se hace suspendido al aire. José ya tiene experiencia, pues ha trabajo en hoteles de Cancún. "Allá es bueno el sueldo, pero así se gasta. Sólo el que sabe ahorrar hace su paguita. Los botaratas regresan igual o peor que cuando se fueron", agrega. "El pegado de losetas es bien pagado, por metro cuadrado", aclara, pero no siempre hay. Cuenta que lo más duro para un albañil es trabajar en el panteón, haciendo gavetas, bóve