Naturaleza, un libro abierto

El libro de registro guardó silencio, como los árboles, como los animales. Durante la noche se oyó sólo el viento entre las ramas que crujían y se mecían. Pero al amanecer todos cantaron el poema de la incomparable naturaleza. Y las páginas antes cerradas, con la luz del sol emitieron el resplandor, el encanto de los visitantes. Miles aprovecharon el último día de vacaciones. El pulmón y el corazón necesitaban recargarse con oxígeno y con afecto. Y el lugar propicio para ello era el zoológico Miguel Álvarez del Toro, que ofrece un contacto único con la naturaleza, el maravilloso libro que nos recuerda lo afortunado que somos. Y nos permite escribir poemas sin ser poetas, componer canciones sin ser músicos, y hacer magia sin ser magos. Miles lo comprobaron durante el recorrido de este domingo. Algunos llegaron por vez primera, otros, por segunda, tercera o enésima vez. Pero todos salieron maravillados como si fuera la primera visita. La naturaleza no es rutinaria. Se renueva cada mañana, como la salida del s