Con paso lento y cauteloso se acerca al auto que se detiene frente a su negocio. Una mujer pregunta por el precio de una casita para el nacimiento del niño Dios. No compra y se va. Óscar regresa a la acera con cuidado, como si temiera que una caída acabe con su débil pierna, o peor aún, con su frágil existencia. Tiene 76 años de edad y 64 de tallar madera. Un radio viejo, como la casa, como la ropa, como sus instrumentos de trabajo y como su vida misma, lo acompaña en su soledad. Sentado en una silla, pegada a la pared de la casa, el hombre mira hacia la calle, en la 11 Sur y 6a Poniente de Tuxtla. Dos peatones se acercan. Uno va a la tienda y el otro hacia él septuagenario. El reportero se identifica y Óscar Montoya López no duda en dar la entrevista. Habla poco, con tono apagado. Cuenta que comenzó a trabajar la madera a los 14 años. Su cuñado, ya fallecido, le heredó la habilidad y sus pocas herramientas. "Comencé con lo más fácil, carritos, luego con las miniaturas, pues son muy laboriosas y baratas, las
Óscar, artífice de la madera
Con paso lento y cauteloso se acerca al auto que se detiene frente a su negocio. Una mujer pregunta por el precio de una casita para el nacimiento del niño Dios. No compra y se va. Óscar regresa a la acera con cuidado, como si temiera que una caída acabe con su débil pierna, o peor aún, con su frágil existencia. Tiene 76 años de edad y 64 de tallar madera. Un radio viejo, como la casa, como la ropa, como sus instrumentos de trabajo y como su vida misma, lo acompaña en su soledad. Sentado en una silla, pegada a la pared de la casa, el hombre mira hacia la calle, en la 11 Sur y 6a Poniente de Tuxtla. Dos peatones se acercan. Uno va a la tienda y el otro hacia él septuagenario. El reportero se identifica y Óscar Montoya López no duda en dar la entrevista. Habla poco, con tono apagado. Cuenta que comenzó a trabajar la madera a los 14 años. Su cuñado, ya fallecido, le heredó la habilidad y sus pocas herramientas. "Comencé con lo más fácil, carritos, luego con las miniaturas, pues son muy laboriosas y baratas, las