Para don Alfredo Gonzalez de la Torre, de 79 años de edad, el estar en una silla de ruedas derivado de que no cuenta con una de sus extremidades no es impedimento para trabajar, incluso enfatiza: "sigo trabajando y no voy a parar". Contó a Cuarto Poder que su discapacidad se debe a una bala que lo dejó sin una pierna desde los 17 años, pero éste no ha sido obstáculo alguno para tomar las riendas de su vida y ser productivo en ella. "Yo desde muy chamaco comencé a trabajar, quedé huérfano de 11 años porque mataron a mi padre, pero siempre he sido activo así que siempre he sacado adelante mis sueños, mi vida y a mi familia", revela. Explica que en sus inicios conoció a don Felipe Granda : "lo conocí cuando vino, y vendía en la calle, así lo conocí y trabajé con él y siempre me llevé con él", dice. El septuagenario originario de El Parral señala que siempre ha recibido la ayuda de empresarios por que lo querían "un chingo", y no importaba que eran ricos y él pobre: " Don Felipe siempre le gustaba irse a tomar
"Sigo trabajando y no voy a parar el rumbo"
Para don Alfredo Gonzalez de la Torre, de 79 años de edad, el estar en una silla de ruedas derivado de que no cuenta con una de sus extremidades no es impedimento para trabajar, incluso enfatiza: "sigo trabajando y no voy a parar". Contó a Cuarto Poder que su discapacidad se debe a una bala que lo dejó sin una pierna desde los 17 años, pero éste no ha sido obstáculo alguno para tomar las riendas de su vida y ser productivo en ella. "Yo desde muy chamaco comencé a trabajar, quedé huérfano de 11 años porque mataron a mi padre, pero siempre he sido activo así que siempre he sacado adelante mis sueños, mi vida y a mi familia", revela. Explica que en sus inicios conoció a don Felipe Granda : "lo conocí cuando vino, y vendía en la calle, así lo conocí y trabajé con él y siempre me llevé con él", dice. El septuagenario originario de El Parral señala que siempre ha recibido la ayuda de empresarios por que lo querían "un chingo", y no importaba que eran ricos y él pobre: " Don Felipe siempre le gustaba irse a tomar