Sismos no son un castigo de Dios para el mundo

El obispo de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, afirmó que los sismos "no son un castigo de Dios para nuestra patria y tampoco una señal de que ya se acerca el fin del mundo, como algunos hermanos de otras religiones andan diciendo". Dijo que "sólo Dios Padre sabe cuándo terminará la vida en este mundo que es movimiento; este planeta es vida, pues estamos en un planeta vivo y por tanto los movimientos son normales, los ha habido, los hubo en otros tiempos y los seguirá habiendo". En una rueda de prensa que ofreció después de la misa que celebró a las 12 horas en Plaza Catedral, debido a que la Catedral se encuentra cerrada por los daños que sufrió durante el terremoto del 7 de este mes, reiteró que "podemos decirle a Dios que ya se acaben estos terremotos, que aprendamos a vivir con ellos, porque son parte de la vida, no un castigo de Dios, ni cosas de fallas estructurales de la tierra; son movimientos normales que debemos aprender a conocer, prevenirnos y sacar experiencias