Tuxtlecos protestan por exceso de cantinas

Tres generaciones de vecinos han visto transcurrir la historia de la capital de Chiapas desde su corazón mismo: el barrio de San Pascualito La transformación urbana ha estado presente en su arquitectura. Desde las calles empedradas y la sustitución paulatina de las casas de bajareque a las de adobe, y después las de bloques de cemento. Sin embargo, el cambio en el paisaje urbano trajo consigo el abandono de prácticas vecinales que afirmaban la comunidad del barrio: tardes de juegos infantiles en las entonces poco transitadas calles, mientras los vecinos de banqueta a banqueta platicaban, sentados en butacas o mecedoras, café con pan en mano. En estos días, al llegar la noche, los pobladores ancestrales del barrio, evitan todo riesgo de contacto con las sombras nocturnas que ahora han tomado por asalto las calles, locales, y aceras. Luces de calle apagadas, puertas bien cerradas, ventanas aseguradas. Lo que fue un plácido y alegre barrio está ahora invadido por 48 cantinas. El censo vecinal a cada poco suma nu