Bob Esponja llora por la partida de su creador

El mejor amigo que, más que encontrar, creó el recientemente fallecido (26 de noviembre) Stephen Hillenburg en mayo de 1999 fue un invertebrado marino de color amarillo, un porífero descerebrado —como todos los espongiarios, pues carecen de sistema nervioso— cuyo nombre nos describe qué es —una esponja— y cómo es —o, al menos cómo viste: con pantalones cuadrados—. ¿A quién que, a diferencia de Hillenburg, no hubiese impartido clases de biología marina (en el Instituto Marino del Condado de Orange, California) se le habría ocurrido la antropomorfización extrema de algo que antes del siglo XIX ni siquiera era reconocido como parte del reino animal sino visto más bien como una planta? Antes de Hillenburg, por supuesto que más de un caricaturista o de un animador dieron rasgos humanos y hasta hicieron hablar y cantar a delfines, peces, tiburones, tortugas, cangrejos, pulpos, medusas y hasta a almejas, pero... ¿una esponja? Bob Esponja, es cierto, no es un programa educativo estilo Plaza Sésamo, pero las oportuni