Boneta, listo para desprenderse de Luis Miguel

"No había un milímetro de mi cara que no estuviera cubierto por prótesis, las manos también, botarga de cuerpo completo, jornadas de 16 a 18 horas diarias, fue duro", dice Diego Boneta al referirse a su trabajo en la tercera y última temporada de Luis Miguel, la serie. Lo comenta ahora con cierto desenfado. Hace meses que terminó el proyecto que lo mantuvo ocupado desde hace cinco años y que, ocasionalmente, lo trasladaba a su vida personal. En la primera, recuerda, para ahorrar tiempo no se le quitó jamás el diastema, como se le llama al espacio o hueco que hay sobre todo entre los incisivos superiores centrales, un rasgo de "El Sol", pero que él no tiene. Eso le hacía hablar con cierto tono y, cuando se veía frente al espejo, seguía viendo al intérprete de "La chica del bikini azul". "Llegaba a casa y seguía en personaje, siendo la primera vez que tenía una transformación total, era raro para mí. Llegaba a un restaurante y decía, ´hola, qué tal, ¿cómo están?´, en tono de él, y mis amigos me decían ´bájale´