Al borde de las lágrimas, pero eufórico, el conspirador, sacerdote católico, poeta, teólogo, escritor, escultor, traductor y político nicaragüense Ernesto Cardenal Martínez abandonó solo por unos dos o tres minutos la escalinata principal del Palacio Nacional de Managua, sede del Parlamento de Nicaragua, aquel sofocante mediodía del viernes 20 de julio de 1979 y entró al vestíbulo del recinto legislativo a buscar agua. Tras saciar su sed, ese individuo con aspecto más de rockero y de hippie que de religioso rebelde se abrió campo entre la nube de periodistas, pidió que nadie le hiciera preguntas y volvió a una de las gradas en las afueras del edificio, para reincorporarse a un sitial de privilegio en un momento histórico de Nicaragua. "¡No me quiero perder esta belleza!", explicó, emocionado y empeñado en expresar sus profundos sentimientos en un instante irrepetible. "Es mi pueblo. No me quiero perder esto", insistió ese hombre que murió este domingo en un hospital de Managua a sus 95 años —a causa de padeci
Cardenal, el poeta que construyó la revolución
Al borde de las lágrimas, pero eufórico, el conspirador, sacerdote católico, poeta, teólogo, escritor, escultor, traductor y político nicaragüense Ernesto Cardenal Martínez abandonó solo por unos dos o tres minutos la escalinata principal del Palacio Nacional de Managua, sede del Parlamento de Nicaragua, aquel sofocante mediodía del viernes 20 de julio de 1979 y entró al vestíbulo del recinto legislativo a buscar agua. Tras saciar su sed, ese individuo con aspecto más de rockero y de hippie que de religioso rebelde se abrió campo entre la nube de periodistas, pidió que nadie le hiciera preguntas y volvió a una de las gradas en las afueras del edificio, para reincorporarse a un sitial de privilegio en un momento histórico de Nicaragua. "¡No me quiero perder esta belleza!", explicó, emocionado y empeñado en expresar sus profundos sentimientos en un instante irrepetible. "Es mi pueblo. No me quiero perder esto", insistió ese hombre que murió este domingo en un hospital de Managua a sus 95 años —a causa de padeci