El 12 de diciembre de 2005, día de la Virgen de Guadalupe, Sergio Rodríguez Blanco acudió cuatro horas a la casona de Leonora Carrington, ubicada en la colonia Roma de la Ciudad de México, donde no se mostró reacia en dejarse investigar y dejó conversar de su arte, a pesar de una advertencia previa de no hablar del tema. El escritor plasma en el libro Ojos herejes cómo cabalgó con la "indomable" y última pintora surrealista, con quien conversó sobre Agustín Lara, de México, de María Félix, de cuántas criaturitas ha chupado, de brujas, y, entre otros temas, de magia. En un proceso de concatenación de 14 crónicas sobre la belleza para lectores rebeldes, Rodríguez Blanco se inmiscuye y revela en conversaciones con otros autores el viaje alucinógeno de Fellini en Tulum, Pedro Friedeberg y el sublime papel higiénico, Melanie Smith amorfa en Venecia, la luz interna de Pierre Soulages y la portada de "Cien años de soledad". Asimismo, cuenta de Leo Matiz y la cámara que siente, Gorbachev y Fidel Castro bailando tango
Cuatro horas con Leonora Carrington
El 12 de diciembre de 2005, día de la Virgen de Guadalupe, Sergio Rodríguez Blanco acudió cuatro horas a la casona de Leonora Carrington, ubicada en la colonia Roma de la Ciudad de México, donde no se mostró reacia en dejarse investigar y dejó conversar de su arte, a pesar de una advertencia previa de no hablar del tema. El escritor plasma en el libro Ojos herejes cómo cabalgó con la "indomable" y última pintora surrealista, con quien conversó sobre Agustín Lara, de México, de María Félix, de cuántas criaturitas ha chupado, de brujas, y, entre otros temas, de magia. En un proceso de concatenación de 14 crónicas sobre la belleza para lectores rebeldes, Rodríguez Blanco se inmiscuye y revela en conversaciones con otros autores el viaje alucinógeno de Fellini en Tulum, Pedro Friedeberg y el sublime papel higiénico, Melanie Smith amorfa en Venecia, la luz interna de Pierre Soulages y la portada de "Cien años de soledad". Asimismo, cuenta de Leo Matiz y la cámara que siente, Gorbachev y Fidel Castro bailando tango