El bombero que reinventó el country noir

Empezar a leer una novela que en la faja promocional lleva las loas de John Connolly y James Ellroy es complicado. Pero cuando se termina el primer capítulo de Bull Mountain (Siruela, traducción de Rubén Martín) en el que entre otras cosas un hombre ordena a su hijo de nueve años que cave una tumba para su tío, al que acaba de pegar un tiro, la primera novela de Brian Panowich va a merecer la pena. La historia, enclavada en las montañas de Georgia, honra con acierto a lo mejor del country noir y actualiza un subgénero esencial para entender una parte oscura del EE UU moderno. Es el lado salvaje de Winter´s bone, que tanto gusta. Su historia, que podría ser perfectamente una temporada de Justified, nos lleva de la mano por la vida y milagros del clan Burroughs, dueños del asentamiento de Bull Mountain y señores de las montañas, que han ido evolucionando de la fabricación de alcohol en grandes cantidades durante la Ley Seca al tráfico de metanfetaminas, mucho más lucrativas y fáciles de esconder y transportar