El niño salvaje, una crítica a la familia

El encuentro de dos personas que intentan ir más allá de la lógica de un sistema que, “en ocasiones, pasa por encima de los individuos y las relaciones”, es el argumento con el que la dramaturga belga Céline Delbecq plantea en El niño salvaje, una crítica profunda hacia las infancias invisibilizadas. La pieza, traducida por Nadxeli Yrízar Carrillo y Humberto Pérez Mortera, critica —en palabras de la directora Marcela Castillo— la familia, primera institución que sostiene este sistema de creencias y abandona a los niños, así como la estructura de los paradigmas que sostienen una forma social de organización. “En ese sentido, es una obra muy dura porque no tiene concesiones a la hora de exponer su crítica; a la hora de presentar un personaje como el niño salvaje, que vivió una violencia sistemática en su familia”, explica Castillo. Pero la trama de la obra representa algo más: los niños que son tratados como animales o que crecen en sótanos, alienados. Su lectura puede aplicarse a los menores migrantes, conti